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Category: Noticias y análisis

CUATROCIENTOS NOVENTA Y TRES AÑOS DE HUMILLACIÓN DEL PUEBLO PERUANO

Richard Gonzales Desde la invasión del imperio español, cuando la masa campesina era considerada como no humana, explotada y exterminada con todo tipo de trabajos forzados, hasta el sometimiento cultural impuesto bajo la cruz y el mosquete, el pueblo peruano ha vivido siglos de dominación. Tras la llamada “emancipación”, aquella humillación se profundizó bajo las botas de los hijos de los españoles, quienes pasaron del dominio imperial español al dominio de Inglaterra. A pesar de la lucha y resistencia de los pueblos —tanto bajo el yugo del imperio español como del inglés— la crueldad y el sufrimiento prosiguieron bajo el imperialismo yanqui. La explotación y la opresión ya no provenían de un solo imperio, sino de un sistema capitalista que combinaba la semifeudalidad con un capitalismo tardío y burocrático. La humillación a la nación se evidenció de forma nítida durante la guerra con Chile, un conflicto alentado por intereses imperiales en disputa. La burguesía y los terratenientes peruanos, sin una pizca de patriotismo, servían a las tropas invasoras en banquetes y pailas, mientras estas violaban a sus “compatriotas” y tomaban Lima. La resistencia fue protagonizada por un puñado de patriotas y por la inmensa masa popular. No así por la burguesía parasitaria, cuyos funcionarios negociaban con el enemigo, robaban los presupuestos destinados a la defensa o entregaban parte del territorio nacional, como ocurrió con Ecuador, Brasil y Colombia. La pérdida reiterada de territorio demuestra que a esta burguesía nunca le importaron la patria ni la nación. El pueblo, en cambio, siempre resistió; él es el verdadero patriota, no las calañas vendepatrias. La esencia de esta burguesía ha sido siempre la misma: una clase que jamás asumió la cultura, las tradiciones, las costumbres ni las identidades de su propio pueblo, esas que han forjado la historia y los símbolos de la nación. No sienten esta patria como suya, salvo para saquearla o venderla. Son simples mercachifles, incapaces de diseñar un proyecto real de desarrollo autónomo, independiente y soberano, como sí lo lograron otros países capitalistas que hoy son potencias o superpotencias. Podríamos preguntarnos: ¿en qué revolución industrial fueron partícipes o mentores? ¡En ninguna! Solo han sido lamebotas, entreguistas, mercachifles bárbaros. Siempre soñaron con emular a sus amos, aspirando a una cultura europea —hoy en decadencia y decrepitud— o a la de su amo yanqui. Por eso desprecian al indio, al pobre, al “marginado”, al habitante de los conos y provincias que trabaja en sus fábricas, comercios, casas, maneja sus autos y cuida a sus hijos. Las sociedades con raíces quechuas, aimaras y de otras minorías nacionales solo existen para ellos en la medida en que puedan ser mercantilizadas: extraerles impuestos, explotarlos en sus industrias, negarles derechos. Para esa clase dominante, son sociedades inexistentes dentro del mundo que sueñan; no los consideran sujetos históricos transformadores ni generadores de riqueza, sino bestias de carga —adiestradas o no—, reemplazables y desechables, disciplinadas por un marco jurídico que legitima la explotación y la opresión. La crueldad y la humillación persisten aún en la sociedad actual, capitalista y dependiente del imperialismo. Si existiera una burguesía “madura”, debería ser la base de un verdadero desarrollo nacional; sin embargo, ocurre lo contrario: hoy está más sometida que nunca a sus antiguos y nuevos amos, profundizando la desintegración interna, la corrupción y la caotización social para seguir saqueando todo lo que puedan, como vulgares asaltantes de esquina. Por tanto, no debe haber contemplación alguna con estos canallas. No debe haber miedo ni consideración. Solo debe expresarse nuestro odio de clase, nuestra rabia contenida, la cual debe explotar, aunque haya costos que pagar. Por esa misma razón, se impone la necesidad de una organización única del pueblo en un frente único, guiado por sus mejores hijos, para cristalizar otro mundo para los explotados y oprimidos, utilizando las herramientas que la historia ha dado a los pueblos del mundo: las experiencias vivas que permitan retomar y culminar los procesos truncos del acero. Estamos en esa disyuntiva: tomar las riendas de nuestro destino o permitir que ellos impongan su sociedad elitista y tecno-feudal. 17 de octubre de 2025

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PRONUNCIAMIENTO DE LA ASOCIACIÓN DE TRABAJADORES EN PERIODISMO Y COMUNICACIÓN SOCIAL DE LA PAZ ANTE LOS RESULTADOS DE LA SEGUNDA VUELTA ELECTORAL EN BOLIVIA – 19 DE OCTUBRE DE 2025

La Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social de La Paz, en ejercicio de su responsabilidad histórica y su compromiso con la verdad, la soberanía nacional y los intereses del pueblo boliviano, se dirige al país para expresar su posición ante el proceso electoral que culminó el domingo 19 de octubre de 2025, cuando, por primera vez en nuestra historia democrática, se realizó una segunda vuelta presidencial. 1. Un proceso electoral inédito y decisivo Tras la primera vuelta del 17 de agosto, el escenario político nacional se definió entre dos proyectos de país con diferencias muy tenues. De un lado, el Partido Demócrata Cristiano (PDC) representado por los candidatos Rodrigo Paz Pereira y Edman Lara, expresión de una corriente democrática liberal; y del otro, el movimiento Alianza Libre (AL)representado por Jorge “Tuto” Quiroga, fascista, ultraderechista, defensor del neoliberalismo, del imperialismo, del sionismo y del sometimiento del país a intereses depredadores extranjeros. Un hecho político relevante fue el respaldo popular al voto nulo, que se consolidó como la tercera fuerza y que simbolizó el apoyo al expresidente Evo Morales Ayma, demostrando que las ideas de justicia social, soberanía y dignidad nacional perviven en el pueblo boliviano. 2. Manipulación mediática y encuestadoras: una farsa desenmascarada Durante los días previos a la segunda vuelta, empresas encuestadoras y medios masivos de manipulación y desinformación difundieron datos falsos que daban por ganador al candidato de la ultraderecha apátrida. Estas operaciones mediáticas fueron parte de una estrategia de manipulación de la opinión pública, encaminada a favorecer a los enemigos históricos del pueblo y la nación: la oligarquía vendepatria, proimperialista y prosionista que siempre buscó convertir a Bolivia en un enclave de saqueo en favor del imperialismo y sus “socios”. Los trabajadores de la comunicación denunciamos y desenmascaramos una vez más el rol servil de estos medios al gran capital extranjero, renunciando a su obligación informativa usando la propaganda como arma de dominación. 3. Un proyecto de clase dominante con dos facciones -De un lado, la burguesía compradora, ligada al capital transnacional y radicada en el Oriente boliviano: Santa Cruz, Beni y Tarija, que apostó por Jorge Quiroga y su agenda entreguista. -Del otro, la burguesía burocrática y los sectores populares, que encontraron en la candidatura de Paz – Lara la posibilidad de retomar una senda de reorganización del movimiento popular. Los resultados reflejan la contradictoria correlación social del país: Santa Cruz, Beni y Tarija se inclinaron por la ultra derecha, mientras que La Paz, Cochabamba, Sucre, Potosí, Oruro y Pando, lograron una victoria al PDC. 4. El peso político del voto popular Debe reconocerse el papel decisivo del respaldo popular vinculado al liderazgo de Evo Morales Ayma, cuya convocatoria sutil a votar a la derecha socialdemócrata del PDC (“el mal menor”) resultó fundamental para evitar el retorno de la retrógrada ultraderecha radical. 5. La victoria del pueblo Los resultados del Sistema de Recuento Preliminar (Sirepre) del Tribunal Supremo Electoral (TSE) confirman una victoria clara del PDC, con el 55% de los votos frente al 45% de la Alianza Libre. Esta diferencia de 10 puntos porcentuales demuestra que la mayoría del pueblo boliviano ha optado por la defensa de las conquistas logradas. 6. Desafíos del nuevo Gobierno Bolivia, en esta última etapa del MAS, enfrenta una crisis económica, social y política. Por ello, el pueblo deposita su confianza en el binomio de Rodrigo Paz y Edman Lara, esperando que impulse políticas nacionales y populares, orientadas a reactivar la economía sin cargar el peso de los ajustes únicamente sobre los trabajadores y las familias humildes. Los sacrificios que exige el momento histórico deben ser asumidos por las empresas transnacionales, monopolios y corporaciones, responsables de la dependencia del capitalismo boliviano. 7. Contra la corrupción y la burocratización El pueblo exige una lucha frontal contra la corrupción, la burocracia y los negociados, que han degradado al Estado y alejado a la política de la ética pública. Bolivia necesita un Estado eficiente y al servicio del pueblo, no de los intereses privados. Asimismo, se requiere una revolución en la educación, la ciencia y la tecnología, pilares fundamentales que generarán el desarrollo de las fuerzas productivas, la industrialización y el fortalecimiento del mercado interno. 8. Defensa de las conquistas sociales Desde la Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social reafirmamos que no deben eliminarse las conquistas sociales logradas en los últimos 20 años, producto de las luchas populares y de los gobiernos del MAS, pese a sus errores y desviaciones. La “nacionalización” de los recursos naturales, la estatización de las empresas públicas, las políticas redistributivas, la inclusión social y la dignificación de los pueblos indígenas son avances históricos que deben ser preservados y profundizados. 9. Compromiso con una comunicación popular, democrática y antiimperialista Como trabajadores de la comunicación, ratificamos nuestro firme compromiso con una comunicación veraz, crítica, emancipadora y al servicio del pueblo. Rechazamos toda forma de censura, concentración mediática y manipulación informativa. Exigimos una democratización real de los medios, con participación social, transparencia y ética. 10. Por una Bolivia soberana y justa Convocamos a todos los sectores patrióticos, progresistas, democráticos y populares a mantener la unidad, la vigilancia y la movilización consciente para garantizar que el nuevo gobierno social demócrata cumpla con su mandato de precautelar la soberanía nacional, reestructurar el Estado liberal garantista, redistribuir la riqueza y defender la dignidad del pueblo boliviano frente a toda injerencia y agresión extranjera. ¡Por una comunicación al servicio de la verdad, la justicia y la soberanía!¡Por una Bolivia libre, digna y antiimperialista! La Paz, 19 de octubre de 2025Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social de La Paz

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PRONUNCIAMIENTO DE LA RED DE PRENSA POPULAR LATINOAMERICANA ¡ALERTA MÁXIMA! EL GOBIERNO DE PAZ – LARA: CABALLO DE TROYA DEL NEOLIBERALISMO, EL IMPERIALISMO Y EL SIONISMO EN BOLIVIA

La Red de Prensa Popular Latinoamericana, fiel a su compromiso con la verdad, la justicia social, la soberanía nacional y la emancipación de los pueblos, se dirige al pueblo boliviano y a las organizaciones populares para denunciar y alertar sobre la orientación reaccionaria, entreguista y antinacional del nuevo gobierno de Rodrigo Paz y Edman Lara. 1. Un gobierno al servicio del capital y del imperialismo El gobierno de Rodrigo Paz y Lara encarna el restablecimiento del proyecto neoliberal subordinado al capital y al genocida imperialismo estadounidense. Su alineamiento con las políticas del Departamento de Estado de EE.UU., la DEA, el FMI, el BM y figuras reaccionarias de la ultraderecha latinoamericana, como la terrorista María Corina Machado y el estafador prosionista Javier Milei, revela su total dependencia de los intereses extranjeros. Al excluir a Cuba, Nicaragua y Venezuela de su investidura, Paz evidencia su ruptura con la Patria Grande y su renuncia a la soberanía nacional, colocando a Bolivia en el eje de las fuerzas proimperialistas y sionistas que atentan contra la autodeterminación de los pueblos. Este gobierno se perfila, así, como un instrumento del capital transnacional y una traición histórica al ideal de unidad latinoamericana defendido por Bolívar, Martí, Sandino, el Che, Chávez, etc. 2. Restablecimiento de vínculos con el sionismo y traición a la solidaridad internacionalista Denunciamos enérgicamente el anuncio del gobierno Paz–Lara de restablecer relaciones diplomáticas con el régimen sionista de Israel, responsable de crímenes de lesa humanidad contra el pueblo palestino.Este acto constituye una traición a la dignidad nacional y a la memoria antiimperialista de Bolivia, que durante años mantuvo una posición de solidaridad internacional con las causas justas de los pueblos.La medida confirma su alineamiento con los gobiernos más reaccionarios del continente y con los grupos de poder más conservadores del país, evidenciando que este gobierno pronto se subordinará a los intereses geopolíticos del imperialismo norteamericano y del depredador capital global. 3. Continuismo neoliberal y herencia del entreguismo Rodrigo Paz reproducirá la senda política de su padre, Jaime Paz Zamora, quien abandonó toda posición progresista para transformarse en un instrumento del neoliberalismo, la corrupción y el entreguismo.Hoy, su heredero político profundiza ese legado, reeditando las recetas del FMI y el Banco Mundial, que conducirán a nuevos ajustes estructurales, mayor endeudamiento, privatización de recursos estratégicos y precarización laboral. El pueblo boliviano ya conoce las crueles consecuencias de esas políticas: desindustrialización, pobreza, desocupación y entrega de la soberanía económica y política. 4. La injerencia extranjera y el retorno de los tentáculos imperiales Pronto volverán las siniestras agencias de injerencia extranjera, como la USAID y la DEA, que en el pasado conspiraron, manipularon, desestabilizaron y espiaron desde las entrañas del Estado boliviano.Su retorno, disfrazado de “cooperación”, será el preludio del sometimiento absoluto a Washington, la pérdida de soberanía, la militarización del territorio y la reinstalación de una estructura estatal subordinada al feroz capital extranjero y a las transnacionales extractivistas. 5. Ofensiva contra el pueblo y contra las conquistas sociales El nuevo gobierno desde ya anuncia que descargará el peso de la crisis sobre los trabajadores y las familias empobrecidas. Así, se avecina una ofensiva neoliberal que implicará: El pueblo no debe dejarse engañar por discursos de “modernización” o “austeridad”. Tras esas palabras se esconde la agenda de recolonización económica y política dictada por el capital transnacional. 6. La falsa lucha contra la corrupción El discurso anticorrupción de Rodrigo Paz es una demagogia repetida. Recordemos que su gestión como alcalde de Tarija estuvo marcada por nepotismo, favoritismo y negociados (esto explica por qué perdió en la primera y segunda vuelta electoral en su tierra “natal”), prácticas que hoy se camuflan bajo un falso discurso de transparencia. Este gobierno no erradicará la corrupción: la institucionalizará al servicio de la oligarquía empresarial, de las transnacionales que controlan la economía y la política, así como, sus socios políticos neoliberales con quienes gobernarán y viabilizarán sus políticas antipopulares. 7. Llamamiento a la unidad, vigilancia y movilización revolucionaria La historia enseña inobjetablemente que los derechos del pueblo y los intereses de la patria solo se defienden con organización, conciencia y movilización, por lo que convocamos a las organizaciones sociales, sindicales, indígenas, estudiantiles, campesinas, feministas y populares a mantener la unidad y la vigilancia permanente, a no confiar en la demagogia del poder, y a defender cada conquista social y política del pueblo boliviano. La lucha contra el imperialismo, el fascismo y el sionismo no es solo una tarea ideológica, pues, ante todo es una necesidad histórica para garantizar la soberanía, la dignidad y el futuro de la Patria Grande. ¡Contra el capitalismo, imperialismo, el fascismo y el sionismo! ¡Por la autodeterminación y la dignidad del pueblo boliviano! ¡Por la defensa de los derechos del pueblo y sus libertades! ¡Por una Bolivia libre, soberana y con justicia social! Latinoamérica, octubre 22 de 2025 RED DE PRENSA POPULAR LATINOAMERICANA

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CAOTIZACIÓN DE LA SOCIEDAD IMPERIALISTA PARA MANTENER EL NÚCLEO Y LA ESTABILIDAD

Richard Gonzales El momento histórico en el que se vive, dentro de este sistema-mundo civilizatorio, refleja la más profunda crisis general: ideológica, política, económica y cultural. Es una crisis terminal, sin retorno, dado que se pierde el monopolio de la economía, la cultura y la política, hasta ahora jerarquizadas en los centros, las semiperiferias y las periferias.La hegemonía está rota y supura pestes por todos lados: criminalidad, desconcierto, caos, banalización, inmoralidad y toda forma de perversión humana expuesta a su máxima expresión, sin tapujos. El sistema se encuentra en su mayor debilidad y, por tanto, ataca todo aquello que amenace su subsistencia: ideas, movimientos, modelos alternativos o liderazgos. Para ello, utiliza incluso mecanismos que van más allá del llamado “derecho penal del enemigo”. La pérdida del control hegemónico de Occidente, después de quinientos años de dirección, influencia y dominio, no es poca cosa en el proceso histórico que hoy presenciamos. 1. Caotización de la sociedad como herramienta Ante la debilidad del sistema-mundo, se recurre al uso de la confusión social, la polarización política y la saturación informativa, generando una fatiga colectiva y desorientación moral. Ya no existe un vértice que dirija la historia con carácter de clase, como sucedió en el siglo pasado, cuando la clase obrera tomó las riendas de su destino en Rusia y posteriormente en China, generando una corriente masiva de luchas de liberación mundial y movimientos antisistema. Hoy, esa posibilidad sigue latente, dadas las condiciones materiales que se agudizan; sin embargo, sus expresiones son dispersas y, en muchos casos, espontáneas.Ante la debilidad de la capacidad crítica de las masas, el sistema utiliza el caos como instrumento de manipulación. Así, el caos no destruye el orden: lo legitima. Al final, como ya sucede, la población termina pidiendo más control, el ingreso de las fuerzas armadas y la restricción de derechos y libertades en nombre de la “seguridad”, dentro de un caos dosificado y dirigido. 2. Criminalización de la disidencia El sistema está débil, y esa debilidad se disfraza de “seguridad”. Es un reflejo auténtico del miedo a las masas. Hoy dos proyectos de sistema-mundo se enfrentan a muerte, aunque en el fondo se trate de una contradicción interna del mismo sistema.A nivel mundial, hay un despertar de las masas —el otro gran actor histórico— que se expresa en voces críticas y movimientos incluso dentro del seno del propio imperio. Son muchas las voces que cuestionan la narrativa dominante, aunque con diferentes tendencias y propuestas políticas, económicas, ecológicas y culturales. El debate y el diagnóstico son múltiples y reflejan un descontento generalizado ante un mundo que se derrumba. Por ello, la respuesta del sistema es etiquetar toda disidencia como “peligrosa”, “radical” o “desinformada”. Aparecen formas encubiertas de censura y control del pensamiento, con el fin de fabricar consensos mediante el miedo y legitimar la recomposición de un “nuevo orden” elitista y tecno-feudal, que ya se perfila con claridad. 3. Globalización digital y alineamiento ideológico El acelerado proceso de digitalización y la concentración del poder en las plataformas tecnológicas —previamente legitimado por ese nuevo orden elitista y tecno-feudal— tienen como objetivo el control total de las masas y la neutralización de la disidencia.Bajo el argumento de la “seguridad interna”, se implementa un control biométrico y de alta vigilancia con fines preventivos. De este modo, a través de algoritmos, se construye una cultura de la vigilancia y un discurso unificado del sistema.Es el algoritmo, precisamente, el que selecciona lo que ves, lo que te gusta, lo que lees, lo que crees y lo que piensas. Su finalidad es uniformar la “nueva cultura” del tiempo de la inteligencia artificial, para impedir el nacimiento de otro mundo posible para los oprimidos.Si en el sistema feudal el control absoluto residía en el monarca y en los señores feudales —legitimados por la cruz y un dios divino—, hoy ese control se concentra en las corporaciones, en el control social y en el nuevo “dios” del algoritmo, que decide todo. Como consecuencia, emerge la deshumanización o el poshumanismo: la máquina, la inteligencia artificial, se convierte en el centro, mientras se construye un Homo Deus de la civilización, cuyo diseño ya está en marcha. ¿Qué está en juego? Está en juego la continuidad de la civilización tal como la conocemos, replanteada bajo el diseño de un nuevo orden en medio de la Cuarta Revolución Industrial.Las bases del mundo moderno se fundaron sobre una lógica: la acumulación ilimitada. De allí derivan el crecimiento, la innovación constante, el consumo exacerbado, la disputa y el control de los recursos finitos, que han provocado guerras, crisis y una devastadora crisis ecológica. La crisis económica mundial es estructural: genera desigualdad, endeudamiento global y pérdida de la tasa de ganancia del capital, impulsando el tecno-feudalismo.En este contexto, la política se reconfigura para adaptarse al nuevo orden, más allá de las teorías de igualdad, democracia o legitimación por el voto, principios de la revolución burguesa que hoy atraviesa su crisis de legitimidad. El nuevo orden propuesto considera la desigualdad como principio, no como excepción. Ya no se pretende legitimar el poder mediante el voto, sino mediante la determinación directa de las élites sobre todos los aspectos de la vida, mientras el resto de la humanidad obedece. La caotización social se expresa en múltiples formas: incentivo a la criminalidad, narcotráfico, legalización del consumo de drogas, desintegración familiar, corrupción estatal e inmoralidad. Todo esto busca implementar el nuevo orden tecno-feudal, desgastando la capacidad organizativa colectiva y manteniendo a las masas en el miedo y la incertidumbre, para neutralizar cualquier articulación alternativa.En las sociedades soberanas, el sistema responde con invasiones o con el hundimiento económico y político. La criminalización de la disidencia busca impedir que las masas construyan otro mundo posible. Por ello se persigue, encarcela o elimina al disidente mediante castigos ejemplificadores, incluso si se trata de ancianos o jóvenes. 4. Hipertecnificación El control biométrico total de la población está en plena marcha y se manifiesta en la vigilancia digital cotidiana. Ya no se necesita la coerción física como método de imposición cultural o ideológica; hoy esa

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Programas: Sirviendo a los Pueblos y Trinchera Tres PENSAR DIFERENTE ES DELITO: EL ROSTRO MAFIOSO Y GENOCIDA DEL ESTADO PERUANO

Panelista:Mag. Manuel LoliConductor del Programa “Trinchera 3”Director de la Agencia de Comunicación IPNews – Estados Unidos Panelista:Dr. Alex A. Chamán PortugalDirector de la Revista Atreverse e IPNews BoliviaDocente en universidades públicas de Bolivia Viernes 31 de octubre de 2025 Horarios:⏰ 19:00 México, Nicaragua y USA.⏰ 20:00 Colombia, Cuba, Ecuador y Perú⏰ 21:00 Bolivia y Venezuela⏰ 22:00 Argentina, Chile, Brasil y Paraguay https://www.facebook.com/profile.php?id=61577695650079 https://www.youtube.com/@IPNewsTelevision https://www.youtube.com/@RevistaAtreverse

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¿UNA DEMOCRACIA PARLAMENTARIA PARA EL CONTROL TOTAL DEL PODER EN EL PERU?

Richard Gonzales La democracia parlamentaria es una forma de gobierno en la que el poder ejecutivo emana del poder legislativo. En este sistema, el gobierno puede ser destituido por el parlamento mediante un voto de censura o de desconfianza. Siendo la soberanía popular la que elige a sus representantes mediante elecciones “libres”, esta forma de democracia se caracteriza por una separación de poderes más flexible que la del presidencialismo. En ella, existen un jefe de gobierno y un jefe de Estado; sin embargo, el poder político debería emanar del pueblo. Pero cuando, en una democracia parlamentaria, las corporaciones o grupos de poder fáctico controlan totalmente el poder, el sistema democrático se vacía de contenido. Aunque formalmente conserve su estructura, en la práctica deja de ser real, convirtiéndose en una fachada civil que encubre una dictadura. En tales circunstancias, los medios de comunicación ejercen una influencia decisiva. Estos se convierten en actores políticos e ideológicos que, mediante campañas de propaganda, legitiman la concentración del poder. El parlamento, entonces, se transforma en una amalgama y maquinaria de lobbying corporativo. En consecuencia, la democracia deviene inexistente: los poderes del Estado se reducen a simples nomenclaturas para el engaño. Así, el voto pierde su efectividad real y, por ende, la legitimidad del orden político se vuelve nula. Si bien en la Constitución se consagran derechos y libertades, si en la práctica imperan el monopolio y la dictadura del poder económico, la democracia formal carece de sustancia. Por tanto, no existe equidad, igualdad, libertad ni capacidad de decisión colectiva. El sistema se reduce a los intereses oligárquicos: un gobierno de ricos legitimado por los mismos pobres. La democracia liberal se ha sustentado en dos principios fundamentales: Sin embargo, estos principios han sido trastocados. El dinero y el capital deciden por encima del voto, que se convierte simplemente en un instrumento de legitimación del poder financiero e industrial. Este proceso conduce al desmantelamiento del Estado social o Estado de bienestar. La capacidad de decisión del ciudadano deja de ser relevante, siendo reemplazada por el dominio de las oligarquías, en un proceso paulatino de concentración del poder. ¿En qué se convierte entonces el voto bajo esas circunstancias? En la legitimación del poder oligárquico: una dictadura abierta del poder financiero e industrial, sostenida por una constante campaña de despolitización y desideologización. La ciudadanía es transformada en mera consumidora, en una cifra estadística. La captura del Estado implica legislar en favor del capital financiero e industrial, lo que supone la pérdida de la soberanía popular. Ese poder ya no rinde cuentas a nadie, no tiene controles ni obligaciones con nadie; es un poder sin patria y sin equilibrio de poderes. Se sostiene en la violencia abierta, en las bayonetas y la represión. Sobre esta base, las élites corporativas saquean los recursos, acumulan riqueza de manera desenfrenada y fragmentan a la sociedad, generando una desigualdad monumental. La desintegración social es parte de esa lógica. Por ello, se fomenta el caos mediante todo tipo de vicios, se incrementa el individualismo extremo, la desconfianza mutua y la fractura social. Ya no existen canales de participación ciudadana; el poder legislativo se convierte en un mero gestor de las políticas dictadas por las corporaciones. Todo esto se acompaña de desinformación, manipulación y del uso de las emociones. Una “ciudadanía entretenida” mediante programas banales o narrativas justificadoras de la desigualdad termina defendiendo su propia subordinación, como ocurre con buena parte de la población. Esa es la razón por la que los servicios públicos se debilitan o son llevados a un deterioro inducido. Paralelamente, el costo de vida aumenta sin cesar, generando angustia, empobrecimiento, inseguridad emocional y estrés colectivo. De esta manera, la población queda sometida y el dominio absoluto de las corporaciones se legitima una vez más. Frente a esta realidad, las masas deben activar todo tipo de organización colectiva donde se ejerza una democracia real. Es necesario construir organizaciones paralelas en todos los ámbitos, promover núcleos comunitarios de desarrollo colectivo y no abandonar la lucha por la democracia y los derechos. La movilización es fuente de aprendizaje y ejercicio para luchas más avanzadas y para la formación de contrapoderes en sindicatos, organizaciones sociales y frentes amplios que articulen a las masas sin prejuicios ni sectarismos. Los sectores pensantes deben impulsar una campaña amplia, profunda y bien sustentada de desenmascaramiento y combate ideológico y político. Solo así podrá promoverse la conciencia organizada del pueblo, capaz de desarrollar en el futuro luchas más elevadas y transformadoras. El sistema imperante atraviesa una profunda crisis en todos los planos, lo que genera todo tipo de sufrimiento humano. Superar y transformar esta realidad dependerá de la comprensión y de la acción organizada. Para ello, se requiere un ente consciente que aglutine, dirija y oriente los esfuerzos en la construcción de un sistema opuesto y distinto al que hoy agoniza. 28 de octubre de 2025

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CAOTIZACIÓN DE LA SOCIEDAD IMPERIALISTA PARA MANTENER EL NÚCLEO Y LA ESTABILIDAD

Richard Gonzales El momento histórico en el que se vive, dentro de este sistema-mundo civilizatorio, refleja la más profunda crisis general: ideológica, política, económica y cultural. Es una crisis terminal, sin retorno, dado que se pierde el monopolio de la economía, la cultura y la política, hasta ahora jerarquizadas en los centros, las semiperiferias y las periferias.La hegemonía está rota y supura pestes por todos lados: criminalidad, desconcierto, caos, banalización, inmoralidad y toda forma de perversión humana expuesta a su máxima expresión, sin tapujos. El sistema se encuentra en su mayor debilidad y, por tanto, ataca todo aquello que amenace su subsistencia: ideas, movimientos, modelos alternativos o liderazgos. Para ello, utiliza incluso mecanismos que van más allá del llamado “derecho penal del enemigo”. La pérdida del control hegemónico de Occidente, después de quinientos años de dirección, influencia y dominio, no es poca cosa en el proceso histórico que hoy presenciamos. 1. Caotización de la sociedad como herramienta Ante la debilidad del sistema-mundo, se recurre al uso de la confusión social, la polarización política y la saturación informativa, generando una fatiga colectiva y desorientación moral. Ya no existe un vértice que dirija la historia con carácter de clase, como sucedió en el siglo pasado, cuando la clase obrera tomó las riendas de su destino en Rusia y posteriormente en China, generando una corriente masiva de luchas de liberación mundial y movimientos antisistema. Hoy, esa posibilidad sigue latente, dadas las condiciones materiales que se agudizan; sin embargo, sus expresiones son dispersas y, en muchos casos, espontáneas.Ante la debilidad de la capacidad crítica de las masas, el sistema utiliza el caos como instrumento de manipulación. Así, el caos no destruye el orden: lo legitima. Al final, como ya sucede, la población termina pidiendo más control, el ingreso de las fuerzas armadas y la restricción de derechos y libertades en nombre de la “seguridad”, dentro de un caos dosificado y dirigido. 2. Criminalización de la disidencia El sistema está débil, y esa debilidad se disfraza de “seguridad”. Es un reflejo auténtico del miedo a las masas. Hoy dos proyectos de sistema-mundo se enfrentan a muerte, aunque en el fondo se trate de una contradicción interna del mismo sistema.A nivel mundial, hay un despertar de las masas —el otro gran actor histórico— que se expresa en voces críticas y movimientos incluso dentro del seno del propio imperio. Son muchas las voces que cuestionan la narrativa dominante, aunque con diferentes tendencias y propuestas políticas, económicas, ecológicas y culturales. El debate y el diagnóstico son múltiples y reflejan un descontento generalizado ante un mundo que se derrumba. Por ello, la respuesta del sistema es etiquetar toda disidencia como “peligrosa”, “radical” o “desinformada”. Aparecen formas encubiertas de censura y control del pensamiento, con el fin de fabricar consensos mediante el miedo y legitimar la recomposición de un “nuevo orden” elitista y tecno-feudal, que ya se perfila con claridad. 3. Globalización digital y alineamiento ideológico El acelerado proceso de digitalización y la concentración del poder en las plataformas tecnológicas —previamente legitimado por ese nuevo orden elitista y tecno-feudal— tienen como objetivo el control total de las masas y la neutralización de la disidencia.Bajo el argumento de la “seguridad interna”, se implementa un control biométrico y de alta vigilancia con fines preventivos. De este modo, a través de algoritmos, se construye una cultura de la vigilancia y un discurso unificado del sistema.Es el algoritmo, precisamente, el que selecciona lo que ves, lo que te gusta, lo que lees, lo que crees y lo que piensas. Su finalidad es uniformar la “nueva cultura” del tiempo de la inteligencia artificial, para impedir el nacimiento de otro mundo posible para los oprimidos.Si en el sistema feudal el control absoluto residía en el monarca y en los señores feudales —legitimados por la cruz y un dios divino—, hoy ese control se concentra en las corporaciones, en el control social y en el nuevo “dios” del algoritmo, que decide todo. Como consecuencia, emerge la deshumanización o el poshumanismo: la máquina, la inteligencia artificial, se convierte en el centro, mientras se construye un Homo Deus de la civilización, cuyo diseño ya está en marcha. ¿Qué está en juego? Está en juego la continuidad de la civilización tal como la conocemos, replanteada bajo el diseño de un nuevo orden en medio de la Cuarta Revolución Industrial.Las bases del mundo moderno se fundaron sobre una lógica: la acumulación ilimitada. De allí derivan el crecimiento, la innovación constante, el consumo exacerbado, la disputa y el control de los recursos finitos, que han provocado guerras, crisis y una devastadora crisis ecológica. La crisis económica mundial es estructural: genera desigualdad, endeudamiento global y pérdida de la tasa de ganancia del capital, impulsando el tecno-feudalismo.En este contexto, la política se reconfigura para adaptarse al nuevo orden, más allá de las teorías de igualdad, democracia o legitimación por el voto, principios de la revolución burguesa que hoy atraviesa su crisis de legitimidad. El nuevo orden propuesto considera la desigualdad como principio, no como excepción. Ya no se pretende legitimar el poder mediante el voto, sino mediante la determinación directa de las élites sobre todos los aspectos de la vida, mientras el resto de la humanidad obedece. La caotización social se expresa en múltiples formas: incentivo a la criminalidad, narcotráfico, legalización del consumo de drogas, desintegración familiar, corrupción estatal e inmoralidad. Todo esto busca implementar el nuevo orden tecno-feudal, desgastando la capacidad organizativa colectiva y manteniendo a las masas en el miedo y la incertidumbre, para neutralizar cualquier articulación alternativa.En las sociedades soberanas, el sistema responde con invasiones o con el hundimiento económico y político. La criminalización de la disidencia busca impedir que las masas construyan otro mundo posible. Por ello se persigue, encarcela o elimina al disidente mediante castigos ejemplificadores, incluso si se trata de ancianos o jóvenes. 4. Hipertecnificación El control biométrico total de la población está en plena marcha y se manifiesta en la vigilancia digital cotidiana. Ya no se necesita la coerción física como método de imposición cultural o ideológica; hoy esa

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Programas: Sirviendo a los Pueblos y Trinchera Tres PENSAR DIFERENTE ES DELITO: EL ROSTRO MAFIOSO Y GENOCIDA DEL ESTADO PERUANO

Panelista:Mag. Manuel LoliConductor del Programa “Trinchera 3”Director de la Agencia de Comunicación IPNews – Estados Unidos Panelista:Dr. Alex A. Chamán PortugalDirector de la Revista Atreverse e IPNews BoliviaDocente en universidades públicas de Bolivia Viernes 31 de octubre de 2025 Horarios:⏰ 19:00 México, Nicaragua y USA.⏰ 20:00 Colombia, Cuba, Ecuador y Perú⏰ 21:00 Bolivia y Venezuela⏰ 22:00 Argentina, Chile, Brasil y Paraguay https://www.facebook.com/profile.php?id=61577695650079 https://www.youtube.com/@IPNewsTelevision https://www.youtube.com/@RevistaAtreverse

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¿UNA DEMOCRACIA PARLAMENTARIA PARA EL CONTROL TOTAL DEL PODER EN EL PERU?

Richard Gonzales La democracia parlamentaria es una forma de gobierno en la que el poder ejecutivo emana del poder legislativo. En este sistema, el gobierno puede ser destituido por el parlamento mediante un voto de censura o de desconfianza. Siendo la soberanía popular la que elige a sus representantes mediante elecciones “libres”, esta forma de democracia se caracteriza por una separación de poderes más flexible que la del presidencialismo. En ella, existen un jefe de gobierno y un jefe de Estado; sin embargo, el poder político debería emanar del pueblo. Pero cuando, en una democracia parlamentaria, las corporaciones o grupos de poder fáctico controlan totalmente el poder, el sistema democrático se vacía de contenido. Aunque formalmente conserve su estructura, en la práctica deja de ser real, convirtiéndose en una fachada civil que encubre una dictadura. En tales circunstancias, los medios de comunicación ejercen una influencia decisiva. Estos se convierten en actores políticos e ideológicos que, mediante campañas de propaganda, legitiman la concentración del poder. El parlamento, entonces, se transforma en una amalgama y maquinaria de lobbying corporativo. En consecuencia, la democracia deviene inexistente: los poderes del Estado se reducen a simples nomenclaturas para el engaño. Así, el voto pierde su efectividad real y, por ende, la legitimidad del orden político se vuelve nula. Si bien en la Constitución se consagran derechos y libertades, si en la práctica imperan el monopolio y la dictadura del poder económico, la democracia formal carece de sustancia. Por tanto, no existe equidad, igualdad, libertad ni capacidad de decisión colectiva. El sistema se reduce a los intereses oligárquicos: un gobierno de ricos legitimado por los mismos pobres. La democracia liberal se ha sustentado en dos principios fundamentales: Sin embargo, estos principios han sido trastocados. El dinero y el capital deciden por encima del voto, que se convierte simplemente en un instrumento de legitimación del poder financiero e industrial. Este proceso conduce al desmantelamiento del Estado social o Estado de bienestar. La capacidad de decisión del ciudadano deja de ser relevante, siendo reemplazada por el dominio de las oligarquías, en un proceso paulatino de concentración del poder. ¿En qué se convierte entonces el voto bajo esas circunstancias? En la legitimación del poder oligárquico: una dictadura abierta del poder financiero e industrial, sostenida por una constante campaña de despolitización y desideologización. La ciudadanía es transformada en mera consumidora, en una cifra estadística. La captura del Estado implica legislar en favor del capital financiero e industrial, lo que supone la pérdida de la soberanía popular. Ese poder ya no rinde cuentas a nadie, no tiene controles ni obligaciones con nadie; es un poder sin patria y sin equilibrio de poderes. Se sostiene en la violencia abierta, en las bayonetas y la represión. Sobre esta base, las élites corporativas saquean los recursos, acumulan riqueza de manera desenfrenada y fragmentan a la sociedad, generando una desigualdad monumental. La desintegración social es parte de esa lógica. Por ello, se fomenta el caos mediante todo tipo de vicios, se incrementa el individualismo extremo, la desconfianza mutua y la fractura social. Ya no existen canales de participación ciudadana; el poder legislativo se convierte en un mero gestor de las políticas dictadas por las corporaciones. Todo esto se acompaña de desinformación, manipulación y del uso de las emociones. Una “ciudadanía entretenida” mediante programas banales o narrativas justificadoras de la desigualdad termina defendiendo su propia subordinación, como ocurre con buena parte de la población. Esa es la razón por la que los servicios públicos se debilitan o son llevados a un deterioro inducido. Paralelamente, el costo de vida aumenta sin cesar, generando angustia, empobrecimiento, inseguridad emocional y estrés colectivo. De esta manera, la población queda sometida y el dominio absoluto de las corporaciones se legitima una vez más. Frente a esta realidad, las masas deben activar todo tipo de organización colectiva donde se ejerza una democracia real. Es necesario construir organizaciones paralelas en todos los ámbitos, promover núcleos comunitarios de desarrollo colectivo y no abandonar la lucha por la democracia y los derechos. La movilización es fuente de aprendizaje y ejercicio para luchas más avanzadas y para la formación de contrapoderes en sindicatos, organizaciones sociales y frentes amplios que articulen a las masas sin prejuicios ni sectarismos. Los sectores pensantes deben impulsar una campaña amplia, profunda y bien sustentada de desenmascaramiento y combate ideológico y político. Solo así podrá promoverse la conciencia organizada del pueblo, capaz de desarrollar en el futuro luchas más elevadas y transformadoras. El sistema imperante atraviesa una profunda crisis en todos los planos, lo que genera todo tipo de sufrimiento humano. Superar y transformar esta realidad dependerá de la comprensión y de la acción organizada. Para ello, se requiere un ente consciente que aglutine, dirija y oriente los esfuerzos en la construcción de un sistema opuesto y distinto al que hoy agoniza. 28 de octubre de 2025

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CUATROCIENTOS NOVENTA Y TRES AÑOS DE HUMILLACIÓN DEL PUEBLO PERUANO

Richard Gonzales Desde la invasión del imperio español, cuando la masa campesina era considerada como no humana, explotada y exterminada con todo tipo de trabajos forzados, hasta el sometimiento cultural impuesto bajo la cruz y el mosquete, el pueblo peruano ha vivido siglos de dominación. Tras la llamada “emancipación”, aquella humillación se profundizó bajo las botas de los hijos de los españoles, quienes pasaron del dominio imperial español al dominio de Inglaterra. A pesar de la lucha y resistencia de los pueblos —tanto bajo el yugo del imperio español como del inglés— la crueldad y el sufrimiento prosiguieron bajo el imperialismo yanqui. La explotación y la opresión ya no provenían de un solo imperio, sino de un sistema capitalista que combinaba la semifeudalidad con un capitalismo tardío y burocrático. La humillación a la nación se evidenció de forma nítida durante la guerra con Chile, un conflicto alentado por intereses imperiales en disputa. La burguesía y los terratenientes peruanos, sin una pizca de patriotismo, servían a las tropas invasoras en banquetes y pailas, mientras estas violaban a sus “compatriotas” y tomaban Lima. La resistencia fue protagonizada por un puñado de patriotas y por la inmensa masa popular. No así por la burguesía parasitaria, cuyos funcionarios negociaban con el enemigo, robaban los presupuestos destinados a la defensa o entregaban parte del territorio nacional, como ocurrió con Ecuador, Brasil y Colombia. La pérdida reiterada de territorio demuestra que a esta burguesía nunca le importaron la patria ni la nación. El pueblo, en cambio, siempre resistió; él es el verdadero patriota, no las calañas vendepatrias. La esencia de esta burguesía ha sido siempre la misma: una clase que jamás asumió la cultura, las tradiciones, las costumbres ni las identidades de su propio pueblo, esas que han forjado la historia y los símbolos de la nación. No sienten esta patria como suya, salvo para saquearla o venderla. Son simples mercachifles, incapaces de diseñar un proyecto real de desarrollo autónomo, independiente y soberano, como sí lo lograron otros países capitalistas que hoy son potencias o superpotencias. Podríamos preguntarnos: ¿en qué revolución industrial fueron partícipes o mentores? ¡En ninguna! Solo han sido lamebotas, entreguistas, mercachifles bárbaros. Siempre soñaron con emular a sus amos, aspirando a una cultura europea —hoy en decadencia y decrepitud— o a la de su amo yanqui. Por eso desprecian al indio, al pobre, al “marginado”, al habitante de los conos y provincias que trabaja en sus fábricas, comercios, casas, maneja sus autos y cuida a sus hijos. Las sociedades con raíces quechuas, aimaras y de otras minorías nacionales solo existen para ellos en la medida en que puedan ser mercantilizadas: extraerles impuestos, explotarlos en sus industrias, negarles derechos. Para esa clase dominante, son sociedades inexistentes dentro del mundo que sueñan; no los consideran sujetos históricos transformadores ni generadores de riqueza, sino bestias de carga —adiestradas o no—, reemplazables y desechables, disciplinadas por un marco jurídico que legitima la explotación y la opresión. La crueldad y la humillación persisten aún en la sociedad actual, capitalista y dependiente del imperialismo. Si existiera una burguesía “madura”, debería ser la base de un verdadero desarrollo nacional; sin embargo, ocurre lo contrario: hoy está más sometida que nunca a sus antiguos y nuevos amos, profundizando la desintegración interna, la corrupción y la caotización social para seguir saqueando todo lo que puedan, como vulgares asaltantes de esquina. Por tanto, no debe haber contemplación alguna con estos canallas. No debe haber miedo ni consideración. Solo debe expresarse nuestro odio de clase, nuestra rabia contenida, la cual debe explotar, aunque haya costos que pagar. Por esa misma razón, se impone la necesidad de una organización única del pueblo en un frente único, guiado por sus mejores hijos, para cristalizar otro mundo para los explotados y oprimidos, utilizando las herramientas que la historia ha dado a los pueblos del mundo: las experiencias vivas que permitan retomar y culminar los procesos truncos del acero. Estamos en esa disyuntiva: tomar las riendas de nuestro destino o permitir que ellos impongan su sociedad elitista y tecno-feudal. 17 de octubre de 2025

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