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Por Pedro Ovando Rengifo Introducción En la turbulencia de la modernidad y la cuarta revolución industrial, nuestras sociedades enfrentan una paradoja cruel, puesto que mientras la constante innovación tecnológica promete conectarnos globalmente, en el tejido íntimo de nuestras escuelas estamos perdiendo la capacidad básica de mirarnos a los ojos y entendernos. En contextos rurales con una fuerte carga histórica y cultural, como la Unidad Educativa Tolomosa Grande en Tarija, esta desconexión no se constituye en un simple problema de convivencia, sino el síntoma de una herida mucho más profunda y antigua. Durante demasiado tiempo, hemos operado bajo modelos mentales heredados que nos dictan que la letra con sangre entra y que resolver un conflicto implica necesariamente encontrar un culpable para aplicar un castigo ejemplar. Sin embargo, la realidad cotidiana nos demuestra que la mano dura, la expulsión o la suspensión son respuestas estériles que simplemente esconden la basura bajo la alfombra, permitiendo que el resentimiento crezca en la oscuridad. Este ensayo plantea la urgencia ética y política de transitar desde una lógica punitiva y colonial hacia una justicia restaurativa fundamentada en el Ayni. Sostenemos que la paz escolar no es el silencio de los cementerios ni la ausencia de guerra, sino una armonía viva y en movimiento, construida en base a la reciprocidad y el reconocimiento de nuestra identidad. La herida colonial y la urgencia del cambio Para transformar la escuela es imperativo tener el coraje de mirar las grietas estructurales por donde se filtra el malestar, pues no nos enfrentamos únicamente a actos de indisciplina aislados o travesuras de adolescentes, sino a una violencia estructural alimentada por la discriminación y lo que autores decoloniales llaman la colonialidad del ser. Hemos sido testigos de cómo estudiantes brillantes luchan contra la vergüenza de sus orígenes, ocultando su lengua materna o sus apellidos por miedo a la burla, y cómo los prejuicios raciales y sociales siguen operando como fantasmas en nuestros pasillos. Esta realidad se agrava por una economía de la ausencia, en la que la falta de oportunidades laborales en el área rural obliga a muchos padres a migrar, generando una violencia estructural que deja a los estudiantes en una orfandad temporal y afectiva. Este vacío se traduce en soledad y, a menudo, en conductas disruptivas que son gritos desesperados de atención. Frente a este escenario complejo, la respuesta institucional tradicional ha sido insuficiente. Aplicar el reglamento con frialdad burocrática, citando artículos de normas y levantando actas, solo profundiza la brecha entre docentes y estudiantes, convirtiendo a la escuela en un tribunal en lugar de un hogar. La transformación verdadera exige desmontar las lógicas coloniales de poder que nos hacen creer que unos son superiores a otros y que la única justicia válida es la que viene de arriba hacia abajo. Necesitamos una justicia que no solo instruya contenidos académicos, sino que sane y dignifique a la persona, reconociendo que el conflicto escolar es un reflejo de las tensiones no resueltas de la comunidad. El Ayni como fundamento de una nueva ética Nuestra propuesta se aleja deliberadamente de los manuales de resolución de conflictos importados de realidades ajenas a las nuestras. En su lugar, buscamos recuperar y validar la sabiduría ancestral de nuestra propia tierra. Nos fundamentamos en el principio filosófico del Ayni y la relacionalidad andina, una visión en que la existencia se entiende como un tejido interdependiente en el que nada existe por sí mismo. Bajo esta cosmovisión, si yo daño a un compañero, no solo estoy infringiendo una norma escrita; estoy rompiendo el equilibrio sagrado de la comunidad y, inevitablemente, me estoy dañando a mí mismo. Desde esta perspectiva, la justicia escolar cambia radicalmente de sentido. Ya no se trata de preguntar qué norma se rompió, quién lo hizo y qué castigo merece. La justicia restaurativa nos invita a preguntar quién fue dañado, cuáles son sus necesidades y qué debemos hacer colectivamente para reparar esa herida y restaurar el tejido social que cohesione a sus miembros. El objetivo deja de ser la venganza institucional y pasa a ser el restablecimiento del equilibrio. Esta visión epistemológica del Sur nos permite construir una escuela donde la diversidad cultural no se percibe como una amenaza o un problema a resolver, sino como nuestra mayor riqueza pedagógica. Validamos los saberes de nuestros abuelos y las prácticas del sindicato agrario como fuentes legítimas de teoría y solución de conflictos, desafiando así la colonialidad del saber que históricamente ha despreciado lo propio. Conclusión El camino hacia una escuela decolonial e inclusiva no es una línea recta ni sencilla; es un sendero pedregoso que requiere osadía para empezar y humildad para reconocer errores. La experiencia nos ha enseñado que la autoridad del docente no se fortalece gritando más fuerte o imponiendo miedo, sino aprendiendo a escuchar mejor y conectando humanamente con el estudiante. Al reemplazar el paradigma del castigo por el del diálogo plural y la reparación, no solo estamos reduciendo los índices de violencia. Estamos formando ciudadanos íntegros, sujetos críticos que no necesitan humillar al otro para sentirse valiosos y que son capaces de construir la paz con sus propias manos. La justicia restaurativa, anclada profundamente en nuestras raíces, es la única vía para que la escuela deje de ser un espacio de domesticación y se convierta en un verdadero territorio de liberación y dignidad. Referencias

Richard Gonzales El momento histórico en el que se vive, dentro de este sistema-mundo civilizatorio, refleja la más profunda crisis general: ideológica, política, económica y cultural. Es una crisis terminal, sin retorno, dado que se pierde el monopolio de la economía, la cultura y la política, hasta ahora jerarquizadas en los centros, las semiperiferias y las periferias.La hegemonía está rota y supura pestes por todos lados: criminalidad, desconcierto, caos, banalización, inmoralidad y toda forma de perversión humana expuesta a su máxima expresión, sin tapujos. El sistema se encuentra en su mayor debilidad y, por tanto, ataca todo aquello que amenace su subsistencia: ideas, movimientos, modelos alternativos o liderazgos. Para ello, utiliza incluso mecanismos que van más allá del llamado “derecho penal del enemigo”. La pérdida del control hegemónico de Occidente, después de quinientos años de dirección, influencia y dominio, no es poca cosa en el proceso histórico que hoy presenciamos. 1. Caotización de la sociedad como herramienta Ante la debilidad del sistema-mundo, se recurre al uso de la confusión social, la polarización política y la saturación informativa, generando una fatiga colectiva y desorientación moral. Ya no existe un vértice que dirija la historia con carácter de clase, como sucedió en el siglo pasado, cuando la clase obrera tomó las riendas de su destino en Rusia y posteriormente en China, generando una corriente masiva de luchas de liberación mundial y movimientos antisistema. Hoy, esa posibilidad sigue latente, dadas las condiciones materiales que se agudizan; sin embargo, sus expresiones son dispersas y, en muchos casos, espontáneas.Ante la debilidad de la capacidad crítica de las masas, el sistema utiliza el caos como instrumento de manipulación. Así, el caos no destruye el orden: lo legitima. Al final, como ya sucede, la población termina pidiendo más control, el ingreso de las fuerzas armadas y la restricción de derechos y libertades en nombre de la “seguridad”, dentro de un caos dosificado y dirigido. 2. Criminalización de la disidencia El sistema está débil, y esa debilidad se disfraza de “seguridad”. Es un reflejo auténtico del miedo a las masas. Hoy dos proyectos de sistema-mundo se enfrentan a muerte, aunque en el fondo se trate de una contradicción interna del mismo sistema.A nivel mundial, hay un despertar de las masas —el otro gran actor histórico— que se expresa en voces críticas y movimientos incluso dentro del seno del propio imperio. Son muchas las voces que cuestionan la narrativa dominante, aunque con diferentes tendencias y propuestas políticas, económicas, ecológicas y culturales. El debate y el diagnóstico son múltiples y reflejan un descontento generalizado ante un mundo que se derrumba. Por ello, la respuesta del sistema es etiquetar toda disidencia como “peligrosa”, “radical” o “desinformada”. Aparecen formas encubiertas de censura y control del pensamiento, con el fin de fabricar consensos mediante el miedo y legitimar la recomposición de un “nuevo orden” elitista y tecno-feudal, que ya se perfila con claridad. 3. Globalización digital y alineamiento ideológico El acelerado proceso de digitalización y la concentración del poder en las plataformas tecnológicas —previamente legitimado por ese nuevo orden elitista y tecno-feudal— tienen como objetivo el control total de las masas y la neutralización de la disidencia.Bajo el argumento de la “seguridad interna”, se implementa un control biométrico y de alta vigilancia con fines preventivos. De este modo, a través de algoritmos, se construye una cultura de la vigilancia y un discurso unificado del sistema.Es el algoritmo, precisamente, el que selecciona lo que ves, lo que te gusta, lo que lees, lo que crees y lo que piensas. Su finalidad es uniformar la “nueva cultura” del tiempo de la inteligencia artificial, para impedir el nacimiento de otro mundo posible para los oprimidos.Si en el sistema feudal el control absoluto residía en el monarca y en los señores feudales —legitimados por la cruz y un dios divino—, hoy ese control se concentra en las corporaciones, en el control social y en el nuevo “dios” del algoritmo, que decide todo. Como consecuencia, emerge la deshumanización o el poshumanismo: la máquina, la inteligencia artificial, se convierte en el centro, mientras se construye un Homo Deus de la civilización, cuyo diseño ya está en marcha. ¿Qué está en juego? Está en juego la continuidad de la civilización tal como la conocemos, replanteada bajo el diseño de un nuevo orden en medio de la Cuarta Revolución Industrial.Las bases del mundo moderno se fundaron sobre una lógica: la acumulación ilimitada. De allí derivan el crecimiento, la innovación constante, el consumo exacerbado, la disputa y el control de los recursos finitos, que han provocado guerras, crisis y una devastadora crisis ecológica. La crisis económica mundial es estructural: genera desigualdad, endeudamiento global y pérdida de la tasa de ganancia del capital, impulsando el tecno-feudalismo.En este contexto, la política se reconfigura para adaptarse al nuevo orden, más allá de las teorías de igualdad, democracia o legitimación por el voto, principios de la revolución burguesa que hoy atraviesa su crisis de legitimidad. El nuevo orden propuesto considera la desigualdad como principio, no como excepción. Ya no se pretende legitimar el poder mediante el voto, sino mediante la determinación directa de las élites sobre todos los aspectos de la vida, mientras el resto de la humanidad obedece. La caotización social se expresa en múltiples formas: incentivo a la criminalidad, narcotráfico, legalización del consumo de drogas, desintegración familiar, corrupción estatal e inmoralidad. Todo esto busca implementar el nuevo orden tecno-feudal, desgastando la capacidad organizativa colectiva y manteniendo a las masas en el miedo y la incertidumbre, para neutralizar cualquier articulación alternativa.En las sociedades soberanas, el sistema responde con invasiones o con el hundimiento económico y político. La criminalización de la disidencia busca impedir que las masas construyan otro mundo posible. Por ello se persigue, encarcela o elimina al disidente mediante castigos ejemplificadores, incluso si se trata de ancianos o jóvenes. 4. Hipertecnificación El control biométrico total de la población está en plena marcha y se manifiesta en la vigilancia digital cotidiana. Ya no se necesita la coerción física como método de imposición cultural o ideológica; hoy esa

Panelista:Mag. Manuel LoliConductor del Programa “Trinchera 3”Director de la Agencia de Comunicación IPNews – Estados Unidos Panelista:Dr. Alex A. Chamán PortugalDirector de la Revista Atreverse e IPNews BoliviaDocente en universidades públicas de Bolivia Viernes 31 de octubre de 2025 Horarios:⏰ 19:00 México, Nicaragua y USA.⏰ 20:00 Colombia, Cuba, Ecuador y Perú⏰ 21:00 Bolivia y Venezuela⏰ 22:00 Argentina, Chile, Brasil y Paraguay https://www.facebook.com/profile.php?id=61577695650079 https://www.youtube.com/@IPNewsTelevision https://www.youtube.com/@RevistaAtreverse

Richard Gonzales La democracia parlamentaria es una forma de gobierno en la que el poder ejecutivo emana del poder legislativo. En este sistema, el gobierno puede ser destituido por el parlamento mediante un voto de censura o de desconfianza. Siendo la soberanía popular la que elige a sus representantes mediante elecciones “libres”, esta forma de democracia se caracteriza por una separación de poderes más flexible que la del presidencialismo. En ella, existen un jefe de gobierno y un jefe de Estado; sin embargo, el poder político debería emanar del pueblo. Pero cuando, en una democracia parlamentaria, las corporaciones o grupos de poder fáctico controlan totalmente el poder, el sistema democrático se vacía de contenido. Aunque formalmente conserve su estructura, en la práctica deja de ser real, convirtiéndose en una fachada civil que encubre una dictadura. En tales circunstancias, los medios de comunicación ejercen una influencia decisiva. Estos se convierten en actores políticos e ideológicos que, mediante campañas de propaganda, legitiman la concentración del poder. El parlamento, entonces, se transforma en una amalgama y maquinaria de lobbying corporativo. En consecuencia, la democracia deviene inexistente: los poderes del Estado se reducen a simples nomenclaturas para el engaño. Así, el voto pierde su efectividad real y, por ende, la legitimidad del orden político se vuelve nula. Si bien en la Constitución se consagran derechos y libertades, si en la práctica imperan el monopolio y la dictadura del poder económico, la democracia formal carece de sustancia. Por tanto, no existe equidad, igualdad, libertad ni capacidad de decisión colectiva. El sistema se reduce a los intereses oligárquicos: un gobierno de ricos legitimado por los mismos pobres. La democracia liberal se ha sustentado en dos principios fundamentales: Sin embargo, estos principios han sido trastocados. El dinero y el capital deciden por encima del voto, que se convierte simplemente en un instrumento de legitimación del poder financiero e industrial. Este proceso conduce al desmantelamiento del Estado social o Estado de bienestar. La capacidad de decisión del ciudadano deja de ser relevante, siendo reemplazada por el dominio de las oligarquías, en un proceso paulatino de concentración del poder. ¿En qué se convierte entonces el voto bajo esas circunstancias? En la legitimación del poder oligárquico: una dictadura abierta del poder financiero e industrial, sostenida por una constante campaña de despolitización y desideologización. La ciudadanía es transformada en mera consumidora, en una cifra estadística. La captura del Estado implica legislar en favor del capital financiero e industrial, lo que supone la pérdida de la soberanía popular. Ese poder ya no rinde cuentas a nadie, no tiene controles ni obligaciones con nadie; es un poder sin patria y sin equilibrio de poderes. Se sostiene en la violencia abierta, en las bayonetas y la represión. Sobre esta base, las élites corporativas saquean los recursos, acumulan riqueza de manera desenfrenada y fragmentan a la sociedad, generando una desigualdad monumental. La desintegración social es parte de esa lógica. Por ello, se fomenta el caos mediante todo tipo de vicios, se incrementa el individualismo extremo, la desconfianza mutua y la fractura social. Ya no existen canales de participación ciudadana; el poder legislativo se convierte en un mero gestor de las políticas dictadas por las corporaciones. Todo esto se acompaña de desinformación, manipulación y del uso de las emociones. Una “ciudadanía entretenida” mediante programas banales o narrativas justificadoras de la desigualdad termina defendiendo su propia subordinación, como ocurre con buena parte de la población. Esa es la razón por la que los servicios públicos se debilitan o son llevados a un deterioro inducido. Paralelamente, el costo de vida aumenta sin cesar, generando angustia, empobrecimiento, inseguridad emocional y estrés colectivo. De esta manera, la población queda sometida y el dominio absoluto de las corporaciones se legitima una vez más. Frente a esta realidad, las masas deben activar todo tipo de organización colectiva donde se ejerza una democracia real. Es necesario construir organizaciones paralelas en todos los ámbitos, promover núcleos comunitarios de desarrollo colectivo y no abandonar la lucha por la democracia y los derechos. La movilización es fuente de aprendizaje y ejercicio para luchas más avanzadas y para la formación de contrapoderes en sindicatos, organizaciones sociales y frentes amplios que articulen a las masas sin prejuicios ni sectarismos. Los sectores pensantes deben impulsar una campaña amplia, profunda y bien sustentada de desenmascaramiento y combate ideológico y político. Solo así podrá promoverse la conciencia organizada del pueblo, capaz de desarrollar en el futuro luchas más elevadas y transformadoras. El sistema imperante atraviesa una profunda crisis en todos los planos, lo que genera todo tipo de sufrimiento humano. Superar y transformar esta realidad dependerá de la comprensión y de la acción organizada. Para ello, se requiere un ente consciente que aglutine, dirija y oriente los esfuerzos en la construcción de un sistema opuesto y distinto al que hoy agoniza. 28 de octubre de 2025

A la comunidad internacional, a los organismos de derechos humanos, a los pueblos del mundo: Alzamos nuestra voz para denunciar el terrorismo de Estado ejercido por el gobierno de Paraguay y para expresar nuestra solidaridad inquebrantable con el pueblo paraguayo y la familia Villalba. Hoy, Lilian Mariana Villalba cumpliría 17 años. Su vida, junto a la de su prima María Carmen, de apenas 11 años, fue arrancada brutalmente el 2 de septiembre de 2020 por las genocidas Fuerzas de Tarea Conjunta del Estado paraguayo. Ese día, el presidente Mario Abdo Benítez, celebró la masacre como un “éxito”. Pero no hubo éxito, solo crimen. Fusilaron a dos niñas. El horror de esa familia no terminó ahí. El 30 de noviembre de ese mismo año, durante el mismo operativo de persecución estatal, Lichita, hija de Carmen Villalba, fue herida y luego víctima de una desaparición forzada. Su paradero sigue sin conocerse, mientras el Estado paraguayo se niega a investigar con transparencia y permite que pase el tiempo, agravando el dolor y la incertidumbre. Hoy, a casi cinco años de esta atrocidad, la injusticia se profundiza. Carmen Villalba, junto a Laura Villalba y Francisca Andino, presas políticas del régimen, se encuentran sometidas a un régimen de tortura y aislamiento total en el penal Martin Mendoza de Embocada. Como medida extrema para que sus voces sean escuchadas, han iniciado una contundente huelga de hambre que ya cumple varios días. Sus exigencias son mínimas y justas: Que Carmen Villalba participe activamente en la búsqueda de su hija, Lichita, el cese inmediato del régimen de tortura psicológica y el aislamiento absoluto al que están sometidas y el ingreso de libros y materiales para manualidades, un derecho básico que les es negado. Estas mujeres son luchadoras sociales víctimas de una persecución política sistemática. Su “delito” es resistir a un Estado que reprime, desaparece y asesina, tal como lo hicieron las dictaduras del pasado. Exigimos: La aparición con vida de Lichita, YA. Basta de desaparición forzada y encubrimiento estatal, la libertad inmediata de las presas políticas Carmen Villalba, Laura Villalba y Francisca Andino, el fin del régimen de tortura y la aplicación de las garantías procesales y derechos humanos internacionales y justicia para Lilian Mariana y María Carmen. El terrorismo de Estado en Paraguay a través de estigmatización, encarcelamientos, torturas y asesinatos no es un fantasma del pasado; es una práctica vigente que se ensaña con las familias que luchan por memoria, verdad y justicia. Su huelga de hambre es un grito desesperado que no podemos ignorar. ¡No están solas! Los pueblos y las organizaciones de comunicación popular de Latinoamérica tenemos los ojos puestos en Paraguay. Acompañamos su lucha, amplificamos su denuncia y nos movilizaremos hasta que la justicia llegue. Latinoamérica, 01 de noviembre de 2025. Red de Prensa Popular Latinoamericana Agencia de Comunicación IPNews Revista Atreverse

¡Viva el marxismo-leninismo-maoísmo, ideología invicta del proletariado mundial! Este 7 de noviembre conmemoramos el 108.º aniversario de la Gran Revolución Socialista de Octubre de 1917, acontecimiento que transformó radicalmente la historia humana y marcó el triunfo de la revolución proletaria en el país más extenso del planeta. Bajo la conducción del Partido Bolchevique y del gran maestro Vladímir Ilich Lenin, el proletariado ruso conquistó el poder político para el proletariado y el pueblo, inauguró la era de las revoluciones proletarias y comenzó la construcción del socialismo, logrando avances inigualables en todos los campos —económicos, sociales, políticos, jurídicos, científicos, culturales, tecnológicos, aeronáuticos y militares— en beneficio de la nación, la sociedad y, sobre todo, del proletariado y su aliado principal el campesinado. Por primera vez se consagraron derechos laborales universales (jornada de 8 horas, descanso remunerado), beneficios sociales y libertades colectivas, haciendo del trabajo —y no del privilegio— el centro de la vida social e inspirando conquistas mundiales para las masas populares hacedoras de la historia. La ideología científica invicta del proletariado —el marxismo-leninismo— guió la conquista y ejercicio del poder político, combatiendo férreamente a enemigos internos (oportunistas, reformistas, revisionistas) y externos (fascismo, nazismo, imperialismo yanqui y sus lacayos). Lenin demostró que la emancipación obrera exige la ruptura total con el viejo e injusto orden burgués. Con el camarada Iósif Stalin, gran comunista en forja y dirigente de la Gran Guerra Patria, se profundizó la construcción socialista, se derrotaron las fuerzas contrarrevolucionarias internas y se encabezó la lucha mundial contra el fascismo y nazismo. En la Gran Guerra Patria, el pueblo soviético sacrificó 28 millones de sus mejores hijos e hijas para salvar a la humanidad de la barbarie hitleriana, erigiendo el marxismo-leninismo como guía suprema en la era del imperialismo, fase terminal del capitalismo. El Partido Comunista de la URSS (PCUS), vanguardia organizada junto al heroico Ejército Rojo de nuevo tipo y el frente revolucionario, encarnó la disciplina y el compromiso revolucionario. Su práctica internacionalista inspiró al proletariado mundial, alentó movimientos de liberación nacional y avivó la lucha de clases en todos los continentes que contribuyeron a las luchas de liberación nacional. Gracias al prestigio de la triunfante Revolución Proletaria de Octubre, se expandieron las revoluciones socialistas y las luchas emancipatorias por todo el planeta; muchas fueron aplastadas a sangre y fuego por la reacción mundial, pero triunfó la Revolución China de 1949, dirigida por el Partido Comunista de China y el presidente Mao Tse-tung, quien —además de encabezar la Gran Revolución Cultural Proletaria para combatir resueltamente al revisionismo y al oportunismo, forjando así al hombre de nuevo tipo— elevó el marxismo-leninismo a pensamiento Mao Tse-tung, aportando la guerra popular y perspectivas creadoras para los países dependientes. La guerra popular del Partido Comunista del Perú, presidido por el Dr. Abimael Guzmán (Presidente Gonzalo), forjó el marxismo-leninismo-maoísmo como tercera, nueva y superior etapa de la ideología proletaria, principal arma transformadora hacia el socialismo científico y el comunismo. Hoy, en la crisis estructural del capitalismo —cadáver insepulto en decadencia—, las condiciones objetivas y subjetivas impulsan la Gran Revolución Proletaria Mundial para sepultar al modo de producción capitalista. Frente a la ofensiva del capitalismo en su fase depredadora —el neoliberalismo— y del imperialismo que saquea y expolia a nuestros pueblos, reafirmamos la perspectiva luminosa del socialismo y el comunismo para el bienestar de la humanidad, los pueblos del mundo y el proletariado, última clase de la historia y clase dirigente por excelencia. En el marco de la III Guerra Mundial en ciernes, que reconfigura el orden burgués en plena decadencia, se perfila una bipolaridad interimperialista: Por un lado, el imperialismo estadounidense, enemigo jurado de los pueblos del mundo en su condición de nación genocida, terrorista y expoliadora, junto a sus vasallos principales: Europa, Japón, Corea del Sur y Canadá. Por otro, China, con crecientes afanes imperialistas, aliada a Rusia, Corea del Norte y otros contendientes. Esta pugna entre potencias no es más que la agonía del sistema capitalista-imperialista, que acelera las condiciones objetivas para la Revolución Proletaria Mundial. La Red Popular de Prensa Latinoamericana rinde homenaje eterno al heroico pueblo soviético y a los millones de seres humanos conscientes, dignos y consecuentes que, desde 1917, luchan por la emancipación. Su legado nos convoca a defender el poder creador de las masas. ¡Gloria eterna a la Revolución de Octubre! ¡Viva el marxismo-leninismo-maoísmo! ¡Muerte al imperialismo, revisionismo y reacción mundial! Latinoamérica, 07 de noviembre de 2025. Red de Prensa Popular Latinoamericana Agencia de Comunicación IPNews Revista Atreverse

La Ley Educativa 070 Avelino Siñani – Elizardo Pérez: Aciertos, desaciertos, contradicciones y desafíos de una educación emancipadora Por Alex A. Chamán Portugal Bolivia, noviembre 11 de 2025 1. Introducción La promulgación de la Ley de Educación 070 Avelino Siñani – Elizardo Pérez, en diciembre de 2010, constituyó un hito histórico en la construcción del Estado Plurinacional de Bolivia. Su objetivo central fue superar las limitaciones estructurales, pedagógicas y culturales de la anterior Ley 1565 de 1994, inspirada en los lineamientos del alienador neoliberalismo y en las recomendaciones de organismos internacionales proimperialistas como el Banco Mundial y el BID. La nueva ley aspiró a reemplazar una educación individualista, competitiva y tecnocrática por una educación comunitaria, descolonizadora y productiva. La Ley 070, discursivamente, representa una ruptura ideológica en el campo educativo, al situar la educación como práctica liberadora, vinculada a la transformación social y no como instrumento de adaptación al mercado. Como afirmaba Freire (1970), “la educación es un acto político: o sirve para la domesticación o para la liberación de los pueblos” (p. 68). En esta tensión se inscriben tanto los aciertos como las contradicciones del proceso educativo boliviano de las últimas dos décadas. 2. Avances y mejoras respecto a la Ley 1565 La comparación entre la Ley 070 y la Ley 1565 revela una profunda transformación filosófica, estructural y curricular, que marca el tránsito de un modelo neoliberal y domesticador a uno comunitario y emancipador. 2.1. De la educación bancaria a la educación liberadora Mientras la Ley 1565 promovía la “calidad educativa” bajo criterios burgueses de eficiencia, productividad y competencia individual, la Ley 070 recupera una visión crítica, dialógica y transformadora del aprendizaje. Inspirada en la Pedagogía del oprimido de Freire (1970), sustituye la educación bancaria en la que el estudiante es un recipiente pasivo por una educación activa, participativa y contextualizada. 2.2. De la homogeneización cultural al pluralismo educativo La Ley 1565 concebía la interculturalidad de manera limitada, como reconocimiento folklórico de la diversidad. En cambio, la Ley 070 establece un Estado Plurinacional y una educación intracultural, intercultural y plurilingüe, que reconoce el derecho de los pueblos originarios a aprender y enseñar en sus propias lenguas y cosmovisiones. En palabras de Fanon (1961), “el colonizado se libera al reapropiarse de su cultura y devolverle su sentido de dignidad” (p. 114). 2.3. De la desmembración educativa al enfoque sociocomunitario productivo El modelo neoliberal separaba la educación de la vida productiva, limitándola a la instrucción teórica. El Modelo Educativo Sociocomunitario Productivo (MESCP) se esfuerza por integrar trabajo, conocimiento y comunidad, superando la división capitalista entre trabajo manual e intelectual. Como diría Mariátegui (1928), “educar no es instruir, sino formar hombres que comprendan su realidad para transformarla” (p. 147). 2.4. De la subordinación internacional a la soberanía pedagógica La Ley 1565 respondía a una lógica de dependencia filosófica y epistemológica por lo que adoptaba metodologías y contenidos extremadamente capitalistas y neoliberales. La Ley 070, en cambio, promueve una educación relativamente soberana, basada en el conocimiento local y la construcción colectiva del saber. Boaventura de Sousa Santos (2010) denomina a este proceso “epistemologías del Sur”, es decir, la recuperación de saberes subalternos que desafían el monopolio eurocéntrico capitalista del conocimiento (p. 89). 2.5. De la exclusión social a la inclusión y democratización Bajo el neoliberalismo, la educación se convirtió en una mercancía y su acceso dependía de la capacidad económica. Las universidades, institutos y unidades educativas privadas proliferaron mercantilizando la educación. La Ley 070 amplió la cobertura, erradicó el analfabetismo y fortaleció la educación técnica y superior pública. Vega Cantor (2015) advierte que “una política educativa popular se mide por su capacidad de democratizar el conocimiento y ponerlo al servicio de las mayorías trabajadoras” (p. 217). 2.6. De la pedagogía tecnocrática a la formación crítica del docente La Ley 1565 redujo al maestro a un simple ejecutor de contenidos estandarizados ajenos a la compleja realidad y problemática que afecta el quehacer educativo. En cambio, la Ley 070 reconoce al docente como sujeto político, investigador y constructor de conocimiento. Ponce (1934) señalaba que “el maestro revolucionario no repite, crea; no adoctrina, despierta conciencia” (p. 91). 3. Aciertos de la Ley 070 “Avelino Siñani – Elizardo Pérez” Además de superar las limitaciones impuestas por el paradigma neoliberal de la Ley 1565, la Ley 070 constituye un proyecto educativo de base ideológica democrática y popular, orientado a generar importantes avances en los escenarios económico, social, cultural y cognitivo del pueblo boliviano. Entre sus principales aciertos destacan: 3.1. Descolonización del conocimiento y revalorización cultural. La ley impulsa la ruptura con la hegemonía epistemológica capitalista, promoviendo una conciencia histórica crítica y la recuperación de saberes ancestrales como pilares del desarrollo nacional y del Vivir Bien. Este principio coincide con la pedagogía liberadora de Freire (1970), quien sostenía que “nadie educa a nadie, nadie se educa solo: los hombres se educan entre sí, mediatizados por el mundo” (p. 72). En este sentido, la Ley 070 abre la posibilidad de un diálogo horizontal entre ciencia moderna y conocimientos originarios. 3.2. Democratización educativa y construcción de poder popular. La educación deja de ser una mercancía, como en la etapa neoliberal, y se reivindica como un derecho social, colectivo y gratuito. Se amplía la cobertura en zonas rurales, indígenas y periféricas, configurando un proceso de democratización del saber. Ello se inscribe en la lucha histórica del pueblo trabajador por el acceso equitativo al conocimiento, reivindicada por Mariátegui (1928), quien planteaba que la educación debía servir a la emancipación del proletariado y no a la reproducción del orden burgués. 3.3. Reorientación curricular integral y vínculo con la producción. El Modelo Educativo Sociocomunitario Productivo (MESCP) se esfuerza por integrar teoría y práctica, articulando la escuela con la vida, la comunidad y la producción. Esta orientación busca formar sujetos reflexivos, críticos y transformadores, no meros reproductores del injusto sistema capitalista decadente. Como señalaba Ponce (1934), la educación del hombre nuevo solo puede surgir del trabajo consciente y liberador, no del aprendizaje pasivo impuesto por el capital y su educación alienante. 3.4. Reconocimiento del Estado Plurinacional de Bolivia y su proyecto descolonizador. El sistema educativo se

Por Alex A. Chamán Portugal Bolivia, 24 de noviembre de 2025 Han pasado apenas dos semanas desde que Rodrigo Paz Pereira, heredero de la dinastía neoliberal que forjó el Decreto 21060 en 1985, juró como presidente de Bolivia en el Palacio Quemado. El 8 de noviembre, el hijo de Jaime Paz Zamora se erigió como el 68º mandatario de la República. Su posesión representa la consumación de la restauración neoliberal con lo que se conculcarán derechos sociales y libertades demoliberales, así como, depredará los recursos nacionales. Este retorno no es un accidente electoral, sino la expresión caduca de un capitalismo atrasado y dependiente que, en su agonía, desangra a la nación y al pueblo para alimentar a la burguesía apátrida, entreguista y proimperialista. En el Bicentenario de la farsa republicana, Bolivia enfrenta no solo la crisis económica y política heredada, sino la afrenta simbólica y material contra su esencia plurinacional. Recordemos que el perverso neoliberalismo irrumpió en Bolivia como un terremoto económico, político y social en agosto de 1985 bajo el Gobierno del MNR, a la cabeza de Víctor Paz Estenssoro. El DS 21060 representó el cierre de minas estatales y el despido de decenas de miles de mineros de COMIBOL bajo el pretexto de la “relocalización”; la privatización de YPFB, ENTEL y otras empresas públicas que olieran a soberanía. Lo que denominaron “estabilización” significó entreguismo, negociados, explotación, opresión, desempleo, pobreza e indigencia, las mismas injusticias que el capitalismo reproduce en todo el mundo. La hiperinflación del 24.000% se controló a costa de salarios congelados y una desigualdad que multiplicó por 42 los ingresos del 10% más rico frente al más pobre. El converso neoliberal Jaime Paz Zamora, padre de Rodrigo, profundizó las injusticias entre 1989 y 1993: legalizó el “impuesto al consumo” que golpeó a los sectores populares; abrió las puertas al narcotráfico en la banca; y firmó pactos con el siniestro FMI que convirtieron la deuda externa en cadenas de sometimiento. Gonzalo Sánchez de Lozada, genocida y neoliberal fugitivo, capitalizó y privatizó el gas y el agua, entregando regalías del 18% a transnacionales mientras el pueblo libraba la Guerra del Agua (2000) y la Guerra del Gas (2003), sacrificando casi un centenar de vidas en defensa de los intereses de la patria y la sociedad boliviana en su conjunto. El nefasto periodo neoliberal (1985-2005) no fue ninguna “modernización”, como mienten los apologistas del imperialismo estadounidense y sus lacayos, puesto que fue una brutal acumulación del capital por despojo. Se impuso la superexplotación laboral en que el 80% de la fuerza de trabajo sigue hoy en la informalidad, la precarización sistemática de los derechos sociales y la conculcación de las libertades bajo el manto hipócrita de la “mano invisible”. Aquella ofensiva feroz demolió conquistas históricas, desmanteló la organización sindical y golpeó la capacidad de resistencia obrera y popular. El Estado, esa maquinaria de dominación de clase, quedó reducido a su esencia represiva a través de la policía, las fuerzas armadas y cárceles, mientras el mercado, verdadera dictadura del capital financiero, devoraba la industria nacional y convertía a Bolivia en simple exportadora primaria: estaño ayer, gas hoy, litio mañana. Las consecuencias fueron devastadoras: desempleo, pobreza del 60%, analfabetismo y ecocidio en la Amazonía. Las relaciones sociales de desigualdad, explotación y opresión se profundizaron de manera ignominiosa. En 200 años de vida republicana y sociedad capitalista jamás existió un genuino Proyecto Estratégico de Desarrollo Nacional, por lo que prevalecieron políticas entreguistas y favorables a las clases sociales dominantes, no dirigentes. Hoy, en pleno Bicentenario, el pueblo lo comprueba fehacientemente. Sin educación científica y sin desarrollo de las fuerzas productivas no hay avance tecnológico; de ahí la desindustrialización crónica y sus severas consecuencias para seguir como nación oprimida y “tercermundista”. Sin mercado interno no hay progreso ni cohesión nacional. El empresariado boliviano -esa burguesía parasitaria, mafiosa y rentista- nunca asumió un rol dirigente: se limitó a intermediar importaciones, vivir de la renta petrolera y realizar negociados con el narcotráfico, quebró entidades financieras para apropiarse ilícitamente de capitales y otras prácticas ilícitas para hacerse de capitales mientras el Estado se corrompía en prebendas, clientelismo y narconegocios, desde los Fondos Reservados hasta los lavados del MIR. En 2006, con Evo Morales y el Gobierno del MAS, se viabilizó la estatización de los hidrocarburos, ENTEL y otras empresas estratégicas, además de la progresiva creación de nuevas empresas públicas. Se redujo la pobreza al 36%, se implementaron bonos sociales, se erradicó el analfabetismo y se recuperó la Whipala como emblema del Estado Plurinacional. La Ley Avelino Siñani–Elizardo Pérez (2010) encarnó la apuesta por la descolonización educativa mediante la interculturalidad, el reconocimiento de saberes ancestrales aymaras, quechuas, guaraníes y otros, así como la ruptura con el currículo neoliberal que pretendía domesticar y alienar al educando. El Estado Plurinacional, consolidado en la CPE de 2009, reconoció 36 nacionalidades indígenas y estableció derechos colectivos largamente negados. Sin embargo, el capital, en su lógica imperialista, no tolera tales rupturas. La crisis global de 2008, agravada por la crisis interna de 2020, marcada por el golpe de Añez y las masacres de Senkata y Sacaba, junto con severos problemas e inadmisibles desaciertos del Gobierno de Arce–Choquehuanca, allanaron el camino para una restauración neoliberal encabezada por Rodrigo Paz. Este ya exhibe su esencia neoliberal al resucitar y cogobernar con lo que otrora fue el MIR, a pesar de no haber logrado la victoria electoral en su propia región de Tarija. El gabinete ministerial del presidente Rodrigo Paz está conformado por José Luis Lupo en Economía, colaborador del empresario neoliberal Samuel Doria Medina, quien clama: “No creo en subsidios… Se nacionalizó el gas y no hay gas”. Viceministros del MIR, vinculados a casos de corrupción en hidrocarburos, colocan a operadores políticos que prometieron “capitalismo para todos” pero aplican ajustes salvajes. Incumplimientos flagrantes abundan, ya que Paz juró “sin FMI ni deuda”, pero se reunió con Nigel Clarke del FMI el 1 de noviembre, recibiendo “apoyo para reformas”. “El país que recibimos está devastado”, mintió en su posesión, culpando al MAS de una