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UNA COSA ES LOS PROBLEMAS EN LA DIRECCION DEL ESTADO REACCIONARIO Y OTRA COSA ES EL DESARROLLAR DEL CAMINO DEL PUEBLO

Richard Gonzales10 de octubre de 2025 Los problemas que enfrenta el capitalismo dependiente del imperialismo en el Perú no son nuevos y están estrechamente vinculados a su modo de producción, aún caracterizado por un capitalismo tardío. Las relaciones productivas existentes atraviesan una profunda crisis, que forma parte de la crisis general del sistema imperante. Las disputas por el poder y la persistente acumulación del capital tienen como contraparte la más descarada explotación y opresión, expresadas en la precariedad laboral, la conculcación de derechos, la democracia formal y la disfuncionalidad del Estado. Ante el creciente descontento popular, la respuesta de las clases dominantes es el autoritarismo y la caotización de la sociedad, como mecanismos para contener la lucha de las masas que desborda los límites del orden burgués. Pero el asunto va más allá de los hechos coyunturales. Debemos comprender los sucesos de este país como manifestaciones de fenómenos universales, necesarios para explicar la caotización contemporánea de las sociedades. El problema de fondo radica en que el capitalismo en su fase imperialista ha alcanzado un nivel de reaccionarización tal, que hoy barre con su propia democracia liberal y con los derechos que alguna vez proclamó, intentando imponer un nuevo conservadurismo moral y social, una redefinición regresiva del orden mundial. Para ello, las élites capitalistas buscan romper toda cohesión social y nacional, destruir los límites y los obstáculos heredados de las revoluciones burguesas que aún contenían parcialmente la voracidad del capital. Pretenden así garantizar el derecho absoluto de las corporaciones, llevándolo al extremo de una codicia sin restricciones. De ahí que necesiten promover un conflicto permanente y profundo para justificar lo que Steve Bannon denomina una “crisis civilizatoria”. Como él mismo señala: “No basta ganar elecciones, tomar instituciones, infiltrar cargos públicos o influir en los think tanks; se trata de moldear estructuras estatales” para un mayor desencadenamiento del poder real burgués. En ese marco, la Cuarta Revolución Industrial acelera este proceso, en el que se busca el control total de la población y el dominio global mediante la tecnología. Para el capital transnacional, la democracia liberal —con ciertos derechos extendidos— entra en conflicto con lo que ellos consideran su “libertad individual” y el “progreso tecnológico ilimitado”. En consecuencia, plantean no la igualdad universal, sino la desigualdad estructural como principio de funcionamiento del sistema. En sus propias concepciones, libertad y democracia ya no son compatibles en sus formas actuales. Se debe, según ellos, abandonar el humanismo de la revolución burguesa y avanzar hacia una etapa “poshumanista”, donde la tecnología sustituya al ser humano como fuerza de trabajo. Proponen así un maquinismo extremo, una tecnomanía o incluso un neofeudalismo tecnológico. Estamos, pues, ante un proceso de nihilismo y antihumanismo: la desintegración del valor del ser humano como sujeto central. La centralidad del “hombre” como valor supremo del capitalismo liberal está agotada. En su lugar, se promueven los flujos del capital, el mecanicismo tecnológico y otros procesos evolutivos desprovistos de toda referencia humana. Sobre esa base se proyecta el ideal del “homo deus” de una minoría privilegiada, mientras el resto de la humanidad es reducido a siervos sin derechos ni libertades, subordinados a los designios de las élites. El resto de la población se convierte, gradualmente, en un excedente eliminable, ya sea mediante la guerra, el hambre o los llamados “métodos blandos” de control poblacional. De esta manera, las sociedades son caotizadas deliberadamente para provocar que los propios explotados se eliminen entre sí, reduciendo el “exceso” humano que el capital ya no necesita. Estas élites proponen una sociedad dirigida por corporaciones jerarquizadas, no por votos ni por derechos universales, sino por el poder de unos pocos. Se trata de un elitismo global, una forma de darwinismo social, la implantación de una aristocracia tecnológica o tecnocapitalismo. Según su planteamiento, el futuro no pertenece a las masas ni a su acción transformadora, sino a las máquinas, los algoritmos y las redes autónomas. El objetivo es liberar al capital y a la tecnología de toda restricción moral o democrática, instaurando un autoritarismo tecnológico y poshumano extremo, una auténtica filosofía del caos y del colapso, carente de toda ética humana. Solo comprendiendo estos procesos podemos explicar los sucesos del mundo actual. Lo que se halla en marcha es la acción deliberada de las élites globales contra la humanidad, razón por la cual se requiere mayor conciencia, capacidad de lucha, rebeldía y organización universal como contraparte de estos planes en curso. Los sujetos históricos deben activarse con decisión y firmeza frente al sistema inicuo y cruel que pretende conducirnos hacia una civilización de la deshumanización y la servidumbre tecnológica. 10/10/2025

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PRONUNCIAMIENTO DE LA ASOCIACIÓN DE TRABAJADORES EN PERIODISMO Y COMUNICACIÓN SOCIAL DE LA PAZ ANTE LOS RESULTADOS DE LA SEGUNDA VUELTA ELECTORAL EN BOLIVIA – 19 DE OCTUBRE DE 2025

La Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social de La Paz, en ejercicio de su responsabilidad histórica y su compromiso con la verdad, la soberanía nacional y los intereses del pueblo boliviano, se dirige al país para expresar su posición ante el proceso electoral que culminó el domingo 19 de octubre de 2025, cuando, por primera vez en nuestra historia democrática, se realizó una segunda vuelta presidencial. 1. Un proceso electoral inédito y decisivo Tras la primera vuelta del 17 de agosto, el escenario político nacional se definió entre dos proyectos de país con diferencias muy tenues. De un lado, el Partido Demócrata Cristiano (PDC) representado por los candidatos Rodrigo Paz Pereira y Edman Lara, expresión de una corriente democrática liberal; y del otro, el movimiento Alianza Libre (AL)representado por Jorge “Tuto” Quiroga, fascista, ultraderechista, defensor del neoliberalismo, del imperialismo, del sionismo y del sometimiento del país a intereses depredadores extranjeros. Un hecho político relevante fue el respaldo popular al voto nulo, que se consolidó como la tercera fuerza y que simbolizó el apoyo al expresidente Evo Morales Ayma, demostrando que las ideas de justicia social, soberanía y dignidad nacional perviven en el pueblo boliviano. 2. Manipulación mediática y encuestadoras: una farsa desenmascarada Durante los días previos a la segunda vuelta, empresas encuestadoras y medios masivos de manipulación y desinformación difundieron datos falsos que daban por ganador al candidato de la ultraderecha apátrida. Estas operaciones mediáticas fueron parte de una estrategia de manipulación de la opinión pública, encaminada a favorecer a los enemigos históricos del pueblo y la nación: la oligarquía vendepatria, proimperialista y prosionista que siempre buscó convertir a Bolivia en un enclave de saqueo en favor del imperialismo y sus “socios”. Los trabajadores de la comunicación denunciamos y desenmascaramos una vez más el rol servil de estos medios al gran capital extranjero, renunciando a su obligación informativa usando la propaganda como arma de dominación. 3. Un proyecto de clase dominante con dos facciones -De un lado, la burguesía compradora, ligada al capital transnacional y radicada en el Oriente boliviano: Santa Cruz, Beni y Tarija, que apostó por Jorge Quiroga y su agenda entreguista. -Del otro, la burguesía burocrática y los sectores populares, que encontraron en la candidatura de Paz – Lara la posibilidad de retomar una senda de reorganización del movimiento popular. Los resultados reflejan la contradictoria correlación social del país: Santa Cruz, Beni y Tarija se inclinaron por la ultra derecha, mientras que La Paz, Cochabamba, Sucre, Potosí, Oruro y Pando, lograron una victoria al PDC. 4. El peso político del voto popular Debe reconocerse el papel decisivo del respaldo popular vinculado al liderazgo de Evo Morales Ayma, cuya convocatoria sutil a votar a la derecha socialdemócrata del PDC (“el mal menor”) resultó fundamental para evitar el retorno de la retrógrada ultraderecha radical. 5. La victoria del pueblo Los resultados del Sistema de Recuento Preliminar (Sirepre) del Tribunal Supremo Electoral (TSE) confirman una victoria clara del PDC, con el 55% de los votos frente al 45% de la Alianza Libre. Esta diferencia de 10 puntos porcentuales demuestra que la mayoría del pueblo boliviano ha optado por la defensa de las conquistas logradas. 6. Desafíos del nuevo Gobierno Bolivia, en esta última etapa del MAS, enfrenta una crisis económica, social y política. Por ello, el pueblo deposita su confianza en el binomio de Rodrigo Paz y Edman Lara, esperando que impulse políticas nacionales y populares, orientadas a reactivar la economía sin cargar el peso de los ajustes únicamente sobre los trabajadores y las familias humildes. Los sacrificios que exige el momento histórico deben ser asumidos por las empresas transnacionales, monopolios y corporaciones, responsables de la dependencia del capitalismo boliviano. 7. Contra la corrupción y la burocratización El pueblo exige una lucha frontal contra la corrupción, la burocracia y los negociados, que han degradado al Estado y alejado a la política de la ética pública. Bolivia necesita un Estado eficiente y al servicio del pueblo, no de los intereses privados. Asimismo, se requiere una revolución en la educación, la ciencia y la tecnología, pilares fundamentales que generarán el desarrollo de las fuerzas productivas, la industrialización y el fortalecimiento del mercado interno. 8. Defensa de las conquistas sociales Desde la Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social reafirmamos que no deben eliminarse las conquistas sociales logradas en los últimos 20 años, producto de las luchas populares y de los gobiernos del MAS, pese a sus errores y desviaciones. La “nacionalización” de los recursos naturales, la estatización de las empresas públicas, las políticas redistributivas, la inclusión social y la dignificación de los pueblos indígenas son avances históricos que deben ser preservados y profundizados. 9. Compromiso con una comunicación popular, democrática y antiimperialista Como trabajadores de la comunicación, ratificamos nuestro firme compromiso con una comunicación veraz, crítica, emancipadora y al servicio del pueblo. Rechazamos toda forma de censura, concentración mediática y manipulación informativa. Exigimos una democratización real de los medios, con participación social, transparencia y ética. 10. Por una Bolivia soberana y justa Convocamos a todos los sectores patrióticos, progresistas, democráticos y populares a mantener la unidad, la vigilancia y la movilización consciente para garantizar que el nuevo gobierno social demócrata cumpla con su mandato de precautelar la soberanía nacional, reestructurar el Estado liberal garantista, redistribuir la riqueza y defender la dignidad del pueblo boliviano frente a toda injerencia y agresión extranjera. ¡Por una comunicación al servicio de la verdad, la justicia y la soberanía!¡Por una Bolivia libre, digna y antiimperialista! La Paz, 19 de octubre de 2025Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social de La Paz

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PRONUNCIAMIENTO DE LA ASOCIACIÓN DE TRABAJADORES EN PERIODISMO Y COMUNICACIÓN SOCIAL DE LA PAZ ANTE LOS RESULTADOS DE LA SEGUNDA VUELTA ELECTORAL EN BOLIVIA – 19 DE OCTUBRE DE 2025

La Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social de La Paz, en ejercicio de su responsabilidad histórica y su compromiso con la verdad, la soberanía nacional y los intereses del pueblo boliviano, se dirige al país para expresar su posición ante el proceso electoral que culminó el domingo 19 de octubre de 2025, cuando, por primera vez en nuestra historia democrática, se realizó una segunda vuelta presidencial. 1. Un proceso electoral inédito y decisivo Tras la primera vuelta del 17 de agosto, el escenario político nacional se definió entre dos proyectos de país con diferencias muy tenues. De un lado, el Partido Demócrata Cristiano (PDC) representado por los candidatos Rodrigo Paz Pereira y Edman Lara, expresión de una corriente democrática liberal; y del otro, el movimiento Alianza Libre (AL)representado por Jorge “Tuto” Quiroga, fascista, ultraderechista, defensor del neoliberalismo, del imperialismo, del sionismo y del sometimiento del país a intereses depredadores extranjeros. Un hecho político relevante fue el respaldo popular al voto nulo, que se consolidó como la tercera fuerza y que simbolizó el apoyo al expresidente Evo Morales Ayma, demostrando que las ideas de justicia social, soberanía y dignidad nacional perviven en el pueblo boliviano. 2. Manipulación mediática y encuestadoras: una farsa desenmascarada Durante los días previos a la segunda vuelta, empresas encuestadoras y medios masivos de manipulación y desinformación difundieron datos falsos que daban por ganador al candidato de la ultraderecha apátrida. Estas operaciones mediáticas fueron parte de una estrategia de manipulación de la opinión pública, encaminada a favorecer a los enemigos históricos del pueblo y la nación: la oligarquía vendepatria, proimperialista y prosionista que siempre buscó convertir a Bolivia en un enclave de saqueo en favor del imperialismo y sus “socios”. Los trabajadores de la comunicación denunciamos y desenmascaramos una vez más el rol servil de estos medios al gran capital extranjero, renunciando a su obligación informativa usando la propaganda como arma de dominación. 3. Un proyecto de clase dominante con dos facciones -De un lado, la burguesía compradora, ligada al capital transnacional y radicada en el Oriente boliviano: Santa Cruz, Beni y Tarija, que apostó por Jorge Quiroga y su agenda entreguista. -Del otro, la burguesía burocrática y los sectores populares, que encontraron en la candidatura de Paz – Lara la posibilidad de retomar una senda de reorganización del movimiento popular. Los resultados reflejan la contradictoria correlación social del país: Santa Cruz, Beni y Tarija se inclinaron por la ultra derecha, mientras que La Paz, Cochabamba, Sucre, Potosí, Oruro y Pando, lograron una victoria al PDC. 4. El peso político del voto popular Debe reconocerse el papel decisivo del respaldo popular vinculado al liderazgo de Evo Morales Ayma, cuya convocatoria sutil a votar a la derecha socialdemócrata del PDC (“el mal menor”) resultó fundamental para evitar el retorno de la retrógrada ultraderecha radical. 5. La victoria del pueblo Los resultados del Sistema de Recuento Preliminar (Sirepre) del Tribunal Supremo Electoral (TSE) confirman una victoria clara del PDC, con el 55% de los votos frente al 45% de la Alianza Libre. Esta diferencia de 10 puntos porcentuales demuestra que la mayoría del pueblo boliviano ha optado por la defensa de las conquistas logradas. 6. Desafíos del nuevo Gobierno Bolivia, en esta última etapa del MAS, enfrenta una crisis económica, social y política. Por ello, el pueblo deposita su confianza en el binomio de Rodrigo Paz y Edman Lara, esperando que impulse políticas nacionales y populares, orientadas a reactivar la economía sin cargar el peso de los ajustes únicamente sobre los trabajadores y las familias humildes. Los sacrificios que exige el momento histórico deben ser asumidos por las empresas transnacionales, monopolios y corporaciones, responsables de la dependencia del capitalismo boliviano. 7. Contra la corrupción y la burocratización El pueblo exige una lucha frontal contra la corrupción, la burocracia y los negociados, que han degradado al Estado y alejado a la política de la ética pública. Bolivia necesita un Estado eficiente y al servicio del pueblo, no de los intereses privados. Asimismo, se requiere una revolución en la educación, la ciencia y la tecnología, pilares fundamentales que generarán el desarrollo de las fuerzas productivas, la industrialización y el fortalecimiento del mercado interno. 8. Defensa de las conquistas sociales Desde la Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social reafirmamos que no deben eliminarse las conquistas sociales logradas en los últimos 20 años, producto de las luchas populares y de los gobiernos del MAS, pese a sus errores y desviaciones. La “nacionalización” de los recursos naturales, la estatización de las empresas públicas, las políticas redistributivas, la inclusión social y la dignificación de los pueblos indígenas son avances históricos que deben ser preservados y profundizados. 9. Compromiso con una comunicación popular, democrática y antiimperialista Como trabajadores de la comunicación, ratificamos nuestro firme compromiso con una comunicación veraz, crítica, emancipadora y al servicio del pueblo. Rechazamos toda forma de censura, concentración mediática y manipulación informativa. Exigimos una democratización real de los medios, con participación social, transparencia y ética. 10. Por una Bolivia soberana y justa Convocamos a todos los sectores patrióticos, progresistas, democráticos y populares a mantener la unidad, la vigilancia y la movilización consciente para garantizar que el nuevo gobierno social demócrata cumpla con su mandato de precautelar la soberanía nacional, reestructurar el Estado liberal garantista, redistribuir la riqueza y defender la dignidad del pueblo boliviano frente a toda injerencia y agresión extranjera. ¡Por una comunicación al servicio de la verdad, la justicia y la soberanía!¡Por una Bolivia libre, digna y antiimperialista! La Paz, 19 de octubre de 2025Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social de La Paz

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UNA COSA ES LOS PROBLEMAS EN LA DIRECCION DEL ESTADO REACCIONARIO Y OTRA COSA ES EL DESARROLLAR DEL CAMINO DEL PUEBLO

Richard Gonzales10 de octubre de 2025 Los problemas que enfrenta el capitalismo dependiente del imperialismo en el Perú no son nuevos y están estrechamente vinculados a su modo de producción, aún caracterizado por un capitalismo tardío. Las relaciones productivas existentes atraviesan una profunda crisis, que forma parte de la crisis general del sistema imperante. Las disputas por el poder y la persistente acumulación del capital tienen como contraparte la más descarada explotación y opresión, expresadas en la precariedad laboral, la conculcación de derechos, la democracia formal y la disfuncionalidad del Estado. Ante el creciente descontento popular, la respuesta de las clases dominantes es el autoritarismo y la caotización de la sociedad, como mecanismos para contener la lucha de las masas que desborda los límites del orden burgués. Pero el asunto va más allá de los hechos coyunturales. Debemos comprender los sucesos de este país como manifestaciones de fenómenos universales, necesarios para explicar la caotización contemporánea de las sociedades. El problema de fondo radica en que el capitalismo en su fase imperialista ha alcanzado un nivel de reaccionarización tal, que hoy barre con su propia democracia liberal y con los derechos que alguna vez proclamó, intentando imponer un nuevo conservadurismo moral y social, una redefinición regresiva del orden mundial. Para ello, las élites capitalistas buscan romper toda cohesión social y nacional, destruir los límites y los obstáculos heredados de las revoluciones burguesas que aún contenían parcialmente la voracidad del capital. Pretenden así garantizar el derecho absoluto de las corporaciones, llevándolo al extremo de una codicia sin restricciones. De ahí que necesiten promover un conflicto permanente y profundo para justificar lo que Steve Bannon denomina una “crisis civilizatoria”. Como él mismo señala: “No basta ganar elecciones, tomar instituciones, infiltrar cargos públicos o influir en los think tanks; se trata de moldear estructuras estatales” para un mayor desencadenamiento del poder real burgués. En ese marco, la Cuarta Revolución Industrial acelera este proceso, en el que se busca el control total de la población y el dominio global mediante la tecnología. Para el capital transnacional, la democracia liberal —con ciertos derechos extendidos— entra en conflicto con lo que ellos consideran su “libertad individual” y el “progreso tecnológico ilimitado”. En consecuencia, plantean no la igualdad universal, sino la desigualdad estructural como principio de funcionamiento del sistema. En sus propias concepciones, libertad y democracia ya no son compatibles en sus formas actuales. Se debe, según ellos, abandonar el humanismo de la revolución burguesa y avanzar hacia una etapa “poshumanista”, donde la tecnología sustituya al ser humano como fuerza de trabajo. Proponen así un maquinismo extremo, una tecnomanía o incluso un neofeudalismo tecnológico. Estamos, pues, ante un proceso de nihilismo y antihumanismo: la desintegración del valor del ser humano como sujeto central. La centralidad del “hombre” como valor supremo del capitalismo liberal está agotada. En su lugar, se promueven los flujos del capital, el mecanicismo tecnológico y otros procesos evolutivos desprovistos de toda referencia humana. Sobre esa base se proyecta el ideal del “homo deus” de una minoría privilegiada, mientras el resto de la humanidad es reducido a siervos sin derechos ni libertades, subordinados a los designios de las élites. El resto de la población se convierte, gradualmente, en un excedente eliminable, ya sea mediante la guerra, el hambre o los llamados “métodos blandos” de control poblacional. De esta manera, las sociedades son caotizadas deliberadamente para provocar que los propios explotados se eliminen entre sí, reduciendo el “exceso” humano que el capital ya no necesita. Estas élites proponen una sociedad dirigida por corporaciones jerarquizadas, no por votos ni por derechos universales, sino por el poder de unos pocos. Se trata de un elitismo global, una forma de darwinismo social, la implantación de una aristocracia tecnológica o tecnocapitalismo. Según su planteamiento, el futuro no pertenece a las masas ni a su acción transformadora, sino a las máquinas, los algoritmos y las redes autónomas. El objetivo es liberar al capital y a la tecnología de toda restricción moral o democrática, instaurando un autoritarismo tecnológico y poshumano extremo, una auténtica filosofía del caos y del colapso, carente de toda ética humana. Solo comprendiendo estos procesos podemos explicar los sucesos del mundo actual. Lo que se halla en marcha es la acción deliberada de las élites globales contra la humanidad, razón por la cual se requiere mayor conciencia, capacidad de lucha, rebeldía y organización universal como contraparte de estos planes en curso. Los sujetos históricos deben activarse con decisión y firmeza frente al sistema inicuo y cruel que pretende conducirnos hacia una civilización de la deshumanización y la servidumbre tecnológica. 10/10/2025

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UNA COSA ES LOS PROBLEMAS EN LA DIRECCION DEL ESTADO REACCIONARIO Y OTRA COSA ES EL DESARROLLAR DEL CAMINO DEL PUEBLO

Richard Gonzales10 de octubre de 2025 Los problemas que enfrenta el capitalismo dependiente del imperialismo en el Perú no son nuevos y están estrechamente vinculados a su modo de producción, aún caracterizado por un capitalismo tardío. Las relaciones productivas existentes atraviesan una profunda crisis, que forma parte de la crisis general del sistema imperante. Las disputas por el poder y la persistente acumulación del capital tienen como contraparte la más descarada explotación y opresión, expresadas en la precariedad laboral, la conculcación de derechos, la democracia formal y la disfuncionalidad del Estado. Ante el creciente descontento popular, la respuesta de las clases dominantes es el autoritarismo y la caotización de la sociedad, como mecanismos para contener la lucha de las masas que desborda los límites del orden burgués. Pero el asunto va más allá de los hechos coyunturales. Debemos comprender los sucesos de este país como manifestaciones de fenómenos universales, necesarios para explicar la caotización contemporánea de las sociedades. El problema de fondo radica en que el capitalismo en su fase imperialista ha alcanzado un nivel de reaccionarización tal, que hoy barre con su propia democracia liberal y con los derechos que alguna vez proclamó, intentando imponer un nuevo conservadurismo moral y social, una redefinición regresiva del orden mundial. Para ello, las élites capitalistas buscan romper toda cohesión social y nacional, destruir los límites y los obstáculos heredados de las revoluciones burguesas que aún contenían parcialmente la voracidad del capital. Pretenden así garantizar el derecho absoluto de las corporaciones, llevándolo al extremo de una codicia sin restricciones. De ahí que necesiten promover un conflicto permanente y profundo para justificar lo que Steve Bannon denomina una “crisis civilizatoria”. Como él mismo señala: “No basta ganar elecciones, tomar instituciones, infiltrar cargos públicos o influir en los think tanks; se trata de moldear estructuras estatales” para un mayor desencadenamiento del poder real burgués. En ese marco, la Cuarta Revolución Industrial acelera este proceso, en el que se busca el control total de la población y el dominio global mediante la tecnología. Para el capital transnacional, la democracia liberal —con ciertos derechos extendidos— entra en conflicto con lo que ellos consideran su “libertad individual” y el “progreso tecnológico ilimitado”. En consecuencia, plantean no la igualdad universal, sino la desigualdad estructural como principio de funcionamiento del sistema. En sus propias concepciones, libertad y democracia ya no son compatibles en sus formas actuales. Se debe, según ellos, abandonar el humanismo de la revolución burguesa y avanzar hacia una etapa “poshumanista”, donde la tecnología sustituya al ser humano como fuerza de trabajo. Proponen así un maquinismo extremo, una tecnomanía o incluso un neofeudalismo tecnológico. Estamos, pues, ante un proceso de nihilismo y antihumanismo: la desintegración del valor del ser humano como sujeto central. La centralidad del “hombre” como valor supremo del capitalismo liberal está agotada. En su lugar, se promueven los flujos del capital, el mecanicismo tecnológico y otros procesos evolutivos desprovistos de toda referencia humana. Sobre esa base se proyecta el ideal del “homo deus” de una minoría privilegiada, mientras el resto de la humanidad es reducido a siervos sin derechos ni libertades, subordinados a los designios de las élites. El resto de la población se convierte, gradualmente, en un excedente eliminable, ya sea mediante la guerra, el hambre o los llamados “métodos blandos” de control poblacional. De esta manera, las sociedades son caotizadas deliberadamente para provocar que los propios explotados se eliminen entre sí, reduciendo el “exceso” humano que el capital ya no necesita. Estas élites proponen una sociedad dirigida por corporaciones jerarquizadas, no por votos ni por derechos universales, sino por el poder de unos pocos. Se trata de un elitismo global, una forma de darwinismo social, la implantación de una aristocracia tecnológica o tecnocapitalismo. Según su planteamiento, el futuro no pertenece a las masas ni a su acción transformadora, sino a las máquinas, los algoritmos y las redes autónomas. El objetivo es liberar al capital y a la tecnología de toda restricción moral o democrática, instaurando un autoritarismo tecnológico y poshumano extremo, una auténtica filosofía del caos y del colapso, carente de toda ética humana. Solo comprendiendo estos procesos podemos explicar los sucesos del mundo actual. Lo que se halla en marcha es la acción deliberada de las élites globales contra la humanidad, razón por la cual se requiere mayor conciencia, capacidad de lucha, rebeldía y organización universal como contraparte de estos planes en curso. Los sujetos históricos deben activarse con decisión y firmeza frente al sistema inicuo y cruel que pretende conducirnos hacia una civilización de la deshumanización y la servidumbre tecnológica. 10/10/2025

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PRONUNCIAMIENTO DE LA ASOCIACIÓN DE TRABAJADORES EN PERIODISMO Y COMUNICACIÓN SOCIAL DE LA PAZ ANTE LOS RESULTADOS DE LA SEGUNDA VUELTA ELECTORAL EN BOLIVIA – 19 DE OCTUBRE DE 2025

La Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social de La Paz, en ejercicio de su responsabilidad histórica y su compromiso con la verdad, la soberanía nacional y los intereses del pueblo boliviano, se dirige al país para expresar su posición ante el proceso electoral que culminó el domingo 19 de octubre de 2025, cuando, por primera vez en nuestra historia democrática, se realizó una segunda vuelta presidencial. 1. Un proceso electoral inédito y decisivo Tras la primera vuelta del 17 de agosto, el escenario político nacional se definió entre dos proyectos de país con diferencias muy tenues. De un lado, el Partido Demócrata Cristiano (PDC) representado por los candidatos Rodrigo Paz Pereira y Edman Lara, expresión de una corriente democrática liberal; y del otro, el movimiento Alianza Libre (AL)representado por Jorge “Tuto” Quiroga, fascista, ultraderechista, defensor del neoliberalismo, del imperialismo, del sionismo y del sometimiento del país a intereses depredadores extranjeros. Un hecho político relevante fue el respaldo popular al voto nulo, que se consolidó como la tercera fuerza y que simbolizó el apoyo al expresidente Evo Morales Ayma, demostrando que las ideas de justicia social, soberanía y dignidad nacional perviven en el pueblo boliviano. 2. Manipulación mediática y encuestadoras: una farsa desenmascarada Durante los días previos a la segunda vuelta, empresas encuestadoras y medios masivos de manipulación y desinformación difundieron datos falsos que daban por ganador al candidato de la ultraderecha apátrida. Estas operaciones mediáticas fueron parte de una estrategia de manipulación de la opinión pública, encaminada a favorecer a los enemigos históricos del pueblo y la nación: la oligarquía vendepatria, proimperialista y prosionista que siempre buscó convertir a Bolivia en un enclave de saqueo en favor del imperialismo y sus “socios”. Los trabajadores de la comunicación denunciamos y desenmascaramos una vez más el rol servil de estos medios al gran capital extranjero, renunciando a su obligación informativa usando la propaganda como arma de dominación. 3. Un proyecto de clase dominante con dos facciones -De un lado, la burguesía compradora, ligada al capital transnacional y radicada en el Oriente boliviano: Santa Cruz, Beni y Tarija, que apostó por Jorge Quiroga y su agenda entreguista. -Del otro, la burguesía burocrática y los sectores populares, que encontraron en la candidatura de Paz – Lara la posibilidad de retomar una senda de reorganización del movimiento popular. Los resultados reflejan la contradictoria correlación social del país: Santa Cruz, Beni y Tarija se inclinaron por la ultra derecha, mientras que La Paz, Cochabamba, Sucre, Potosí, Oruro y Pando, lograron una victoria al PDC. 4. El peso político del voto popular Debe reconocerse el papel decisivo del respaldo popular vinculado al liderazgo de Evo Morales Ayma, cuya convocatoria sutil a votar a la derecha socialdemócrata del PDC (“el mal menor”) resultó fundamental para evitar el retorno de la retrógrada ultraderecha radical. 5. La victoria del pueblo Los resultados del Sistema de Recuento Preliminar (Sirepre) del Tribunal Supremo Electoral (TSE) confirman una victoria clara del PDC, con el 55% de los votos frente al 45% de la Alianza Libre. Esta diferencia de 10 puntos porcentuales demuestra que la mayoría del pueblo boliviano ha optado por la defensa de las conquistas logradas. 6. Desafíos del nuevo Gobierno Bolivia, en esta última etapa del MAS, enfrenta una crisis económica, social y política. Por ello, el pueblo deposita su confianza en el binomio de Rodrigo Paz y Edman Lara, esperando que impulse políticas nacionales y populares, orientadas a reactivar la economía sin cargar el peso de los ajustes únicamente sobre los trabajadores y las familias humildes. Los sacrificios que exige el momento histórico deben ser asumidos por las empresas transnacionales, monopolios y corporaciones, responsables de la dependencia del capitalismo boliviano. 7. Contra la corrupción y la burocratización El pueblo exige una lucha frontal contra la corrupción, la burocracia y los negociados, que han degradado al Estado y alejado a la política de la ética pública. Bolivia necesita un Estado eficiente y al servicio del pueblo, no de los intereses privados. Asimismo, se requiere una revolución en la educación, la ciencia y la tecnología, pilares fundamentales que generarán el desarrollo de las fuerzas productivas, la industrialización y el fortalecimiento del mercado interno. 8. Defensa de las conquistas sociales Desde la Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social reafirmamos que no deben eliminarse las conquistas sociales logradas en los últimos 20 años, producto de las luchas populares y de los gobiernos del MAS, pese a sus errores y desviaciones. La “nacionalización” de los recursos naturales, la estatización de las empresas públicas, las políticas redistributivas, la inclusión social y la dignificación de los pueblos indígenas son avances históricos que deben ser preservados y profundizados. 9. Compromiso con una comunicación popular, democrática y antiimperialista Como trabajadores de la comunicación, ratificamos nuestro firme compromiso con una comunicación veraz, crítica, emancipadora y al servicio del pueblo. Rechazamos toda forma de censura, concentración mediática y manipulación informativa. Exigimos una democratización real de los medios, con participación social, transparencia y ética. 10. Por una Bolivia soberana y justa Convocamos a todos los sectores patrióticos, progresistas, democráticos y populares a mantener la unidad, la vigilancia y la movilización consciente para garantizar que el nuevo gobierno social demócrata cumpla con su mandato de precautelar la soberanía nacional, reestructurar el Estado liberal garantista, redistribuir la riqueza y defender la dignidad del pueblo boliviano frente a toda injerencia y agresión extranjera. ¡Por una comunicación al servicio de la verdad, la justicia y la soberanía!¡Por una Bolivia libre, digna y antiimperialista! La Paz, 19 de octubre de 2025Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social de La Paz

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Richard Gonzales10 de octubre de 2025 Los problemas que enfrenta el capitalismo dependiente del imperialismo en el Perú no son nuevos y están estrechamente vinculados a su modo de producción, aún caracterizado por un capitalismo tardío. Las relaciones productivas existentes atraviesan una profunda crisis, que forma parte de la crisis general del sistema imperante. Las disputas por el poder y la persistente acumulación del capital tienen como contraparte la más descarada explotación y opresión, expresadas en la precariedad laboral, la conculcación de derechos, la democracia formal y la disfuncionalidad del Estado. Ante el creciente descontento popular, la respuesta de las clases dominantes es el autoritarismo y la caotización de la sociedad, como mecanismos para contener la lucha de las masas que desborda los límites del orden burgués. Pero el asunto va más allá de los hechos coyunturales. Debemos comprender los sucesos de este país como manifestaciones de fenómenos universales, necesarios para explicar la caotización contemporánea de las sociedades. El problema de fondo radica en que el capitalismo en su fase imperialista ha alcanzado un nivel de reaccionarización tal, que hoy barre con su propia democracia liberal y con los derechos que alguna vez proclamó, intentando imponer un nuevo conservadurismo moral y social, una redefinición regresiva del orden mundial. Para ello, las élites capitalistas buscan romper toda cohesión social y nacional, destruir los límites y los obstáculos heredados de las revoluciones burguesas que aún contenían parcialmente la voracidad del capital. Pretenden así garantizar el derecho absoluto de las corporaciones, llevándolo al extremo de una codicia sin restricciones. De ahí que necesiten promover un conflicto permanente y profundo para justificar lo que Steve Bannon denomina una “crisis civilizatoria”. Como él mismo señala: “No basta ganar elecciones, tomar instituciones, infiltrar cargos públicos o influir en los think tanks; se trata de moldear estructuras estatales” para un mayor desencadenamiento del poder real burgués. En ese marco, la Cuarta Revolución Industrial acelera este proceso, en el que se busca el control total de la población y el dominio global mediante la tecnología. Para el capital transnacional, la democracia liberal —con ciertos derechos extendidos— entra en conflicto con lo que ellos consideran su “libertad individual” y el “progreso tecnológico ilimitado”. En consecuencia, plantean no la igualdad universal, sino la desigualdad estructural como principio de funcionamiento del sistema. En sus propias concepciones, libertad y democracia ya no son compatibles en sus formas actuales. Se debe, según ellos, abandonar el humanismo de la revolución burguesa y avanzar hacia una etapa “poshumanista”, donde la tecnología sustituya al ser humano como fuerza de trabajo. Proponen así un maquinismo extremo, una tecnomanía o incluso un neofeudalismo tecnológico. Estamos, pues, ante un proceso de nihilismo y antihumanismo: la desintegración del valor del ser humano como sujeto central. La centralidad del “hombre” como valor supremo del capitalismo liberal está agotada. En su lugar, se promueven los flujos del capital, el mecanicismo tecnológico y otros procesos evolutivos desprovistos de toda referencia humana. Sobre esa base se proyecta el ideal del “homo deus” de una minoría privilegiada, mientras el resto de la humanidad es reducido a siervos sin derechos ni libertades, subordinados a los designios de las élites. El resto de la población se convierte, gradualmente, en un excedente eliminable, ya sea mediante la guerra, el hambre o los llamados “métodos blandos” de control poblacional. De esta manera, las sociedades son caotizadas deliberadamente para provocar que los propios explotados se eliminen entre sí, reduciendo el “exceso” humano que el capital ya no necesita. Estas élites proponen una sociedad dirigida por corporaciones jerarquizadas, no por votos ni por derechos universales, sino por el poder de unos pocos. Se trata de un elitismo global, una forma de darwinismo social, la implantación de una aristocracia tecnológica o tecnocapitalismo. Según su planteamiento, el futuro no pertenece a las masas ni a su acción transformadora, sino a las máquinas, los algoritmos y las redes autónomas. El objetivo es liberar al capital y a la tecnología de toda restricción moral o democrática, instaurando un autoritarismo tecnológico y poshumano extremo, una auténtica filosofía del caos y del colapso, carente de toda ética humana. Solo comprendiendo estos procesos podemos explicar los sucesos del mundo actual. Lo que se halla en marcha es la acción deliberada de las élites globales contra la humanidad, razón por la cual se requiere mayor conciencia, capacidad de lucha, rebeldía y organización universal como contraparte de estos planes en curso. Los sujetos históricos deben activarse con decisión y firmeza frente al sistema inicuo y cruel que pretende conducirnos hacia una civilización de la deshumanización y la servidumbre tecnológica. 10/10/2025

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PRONUNCIAMIENTO DE LA ASOCIACIÓN DE TRABAJADORES EN PERIODISMO Y COMUNICACIÓN SOCIAL DE LA PAZ ANTE LOS RESULTADOS DE LA SEGUNDA VUELTA ELECTORAL EN BOLIVIA – 19 DE OCTUBRE DE 2025

La Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social de La Paz, en ejercicio de su responsabilidad histórica y su compromiso con la verdad, la soberanía nacional y los intereses del pueblo boliviano, se dirige al país para expresar su posición ante el proceso electoral que culminó el domingo 19 de octubre de 2025, cuando, por primera vez en nuestra historia democrática, se realizó una segunda vuelta presidencial. 1. Un proceso electoral inédito y decisivo Tras la primera vuelta del 17 de agosto, el escenario político nacional se definió entre dos proyectos de país con diferencias muy tenues. De un lado, el Partido Demócrata Cristiano (PDC) representado por los candidatos Rodrigo Paz Pereira y Edman Lara, expresión de una corriente democrática liberal; y del otro, el movimiento Alianza Libre (AL)representado por Jorge “Tuto” Quiroga, fascista, ultraderechista, defensor del neoliberalismo, del imperialismo, del sionismo y del sometimiento del país a intereses depredadores extranjeros. Un hecho político relevante fue el respaldo popular al voto nulo, que se consolidó como la tercera fuerza y que simbolizó el apoyo al expresidente Evo Morales Ayma, demostrando que las ideas de justicia social, soberanía y dignidad nacional perviven en el pueblo boliviano. 2. Manipulación mediática y encuestadoras: una farsa desenmascarada Durante los días previos a la segunda vuelta, empresas encuestadoras y medios masivos de manipulación y desinformación difundieron datos falsos que daban por ganador al candidato de la ultraderecha apátrida. Estas operaciones mediáticas fueron parte de una estrategia de manipulación de la opinión pública, encaminada a favorecer a los enemigos históricos del pueblo y la nación: la oligarquía vendepatria, proimperialista y prosionista que siempre buscó convertir a Bolivia en un enclave de saqueo en favor del imperialismo y sus “socios”. Los trabajadores de la comunicación denunciamos y desenmascaramos una vez más el rol servil de estos medios al gran capital extranjero, renunciando a su obligación informativa usando la propaganda como arma de dominación. 3. Un proyecto de clase dominante con dos facciones -De un lado, la burguesía compradora, ligada al capital transnacional y radicada en el Oriente boliviano: Santa Cruz, Beni y Tarija, que apostó por Jorge Quiroga y su agenda entreguista. -Del otro, la burguesía burocrática y los sectores populares, que encontraron en la candidatura de Paz – Lara la posibilidad de retomar una senda de reorganización del movimiento popular. Los resultados reflejan la contradictoria correlación social del país: Santa Cruz, Beni y Tarija se inclinaron por la ultra derecha, mientras que La Paz, Cochabamba, Sucre, Potosí, Oruro y Pando, lograron una victoria al PDC. 4. El peso político del voto popular Debe reconocerse el papel decisivo del respaldo popular vinculado al liderazgo de Evo Morales Ayma, cuya convocatoria sutil a votar a la derecha socialdemócrata del PDC (“el mal menor”) resultó fundamental para evitar el retorno de la retrógrada ultraderecha radical. 5. La victoria del pueblo Los resultados del Sistema de Recuento Preliminar (Sirepre) del Tribunal Supremo Electoral (TSE) confirman una victoria clara del PDC, con el 55% de los votos frente al 45% de la Alianza Libre. Esta diferencia de 10 puntos porcentuales demuestra que la mayoría del pueblo boliviano ha optado por la defensa de las conquistas logradas. 6. Desafíos del nuevo Gobierno Bolivia, en esta última etapa del MAS, enfrenta una crisis económica, social y política. Por ello, el pueblo deposita su confianza en el binomio de Rodrigo Paz y Edman Lara, esperando que impulse políticas nacionales y populares, orientadas a reactivar la economía sin cargar el peso de los ajustes únicamente sobre los trabajadores y las familias humildes. Los sacrificios que exige el momento histórico deben ser asumidos por las empresas transnacionales, monopolios y corporaciones, responsables de la dependencia del capitalismo boliviano. 7. Contra la corrupción y la burocratización El pueblo exige una lucha frontal contra la corrupción, la burocracia y los negociados, que han degradado al Estado y alejado a la política de la ética pública. Bolivia necesita un Estado eficiente y al servicio del pueblo, no de los intereses privados. Asimismo, se requiere una revolución en la educación, la ciencia y la tecnología, pilares fundamentales que generarán el desarrollo de las fuerzas productivas, la industrialización y el fortalecimiento del mercado interno. 8. Defensa de las conquistas sociales Desde la Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social reafirmamos que no deben eliminarse las conquistas sociales logradas en los últimos 20 años, producto de las luchas populares y de los gobiernos del MAS, pese a sus errores y desviaciones. La “nacionalización” de los recursos naturales, la estatización de las empresas públicas, las políticas redistributivas, la inclusión social y la dignificación de los pueblos indígenas son avances históricos que deben ser preservados y profundizados. 9. Compromiso con una comunicación popular, democrática y antiimperialista Como trabajadores de la comunicación, ratificamos nuestro firme compromiso con una comunicación veraz, crítica, emancipadora y al servicio del pueblo. Rechazamos toda forma de censura, concentración mediática y manipulación informativa. Exigimos una democratización real de los medios, con participación social, transparencia y ética. 10. Por una Bolivia soberana y justa Convocamos a todos los sectores patrióticos, progresistas, democráticos y populares a mantener la unidad, la vigilancia y la movilización consciente para garantizar que el nuevo gobierno social demócrata cumpla con su mandato de precautelar la soberanía nacional, reestructurar el Estado liberal garantista, redistribuir la riqueza y defender la dignidad del pueblo boliviano frente a toda injerencia y agresión extranjera. ¡Por una comunicación al servicio de la verdad, la justicia y la soberanía!¡Por una Bolivia libre, digna y antiimperialista! La Paz, 19 de octubre de 2025Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social de La Paz

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