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PRONUNCIAMIENTO DE LA ASOCIACIÓN DE TRABAJADORES EN PERIODISMO Y COMUNICACIÓN SOCIAL DE LA PAZ ANTE LOS RESULTADOS DE LA SEGUNDA VUELTA ELECTORAL EN BOLIVIA – 19 DE OCTUBRE DE 2025

La Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social de La Paz, en ejercicio de su responsabilidad histórica y su compromiso con la verdad, la soberanía nacional y los intereses del pueblo boliviano, se dirige al país para expresar su posición ante el proceso electoral que culminó el domingo 19 de octubre de 2025, cuando, por primera vez en nuestra historia democrática, se realizó una segunda vuelta presidencial. 1. Un proceso electoral inédito y decisivo Tras la primera vuelta del 17 de agosto, el escenario político nacional se definió entre dos proyectos de país con diferencias muy tenues. De un lado, el Partido Demócrata Cristiano (PDC) representado por los candidatos Rodrigo Paz Pereira y Edman Lara, expresión de una corriente democrática liberal; y del otro, el movimiento Alianza Libre (AL)representado por Jorge “Tuto” Quiroga, fascista, ultraderechista, defensor del neoliberalismo, del imperialismo, del sionismo y del sometimiento del país a intereses depredadores extranjeros. Un hecho político relevante fue el respaldo popular al voto nulo, que se consolidó como la tercera fuerza y que simbolizó el apoyo al expresidente Evo Morales Ayma, demostrando que las ideas de justicia social, soberanía y dignidad nacional perviven en el pueblo boliviano. 2. Manipulación mediática y encuestadoras: una farsa desenmascarada Durante los días previos a la segunda vuelta, empresas encuestadoras y medios masivos de manipulación y desinformación difundieron datos falsos que daban por ganador al candidato de la ultraderecha apátrida. Estas operaciones mediáticas fueron parte de una estrategia de manipulación de la opinión pública, encaminada a favorecer a los enemigos históricos del pueblo y la nación: la oligarquía vendepatria, proimperialista y prosionista que siempre buscó convertir a Bolivia en un enclave de saqueo en favor del imperialismo y sus “socios”. Los trabajadores de la comunicación denunciamos y desenmascaramos una vez más el rol servil de estos medios al gran capital extranjero, renunciando a su obligación informativa usando la propaganda como arma de dominación. 3. Un proyecto de clase dominante con dos facciones -De un lado, la burguesía compradora, ligada al capital transnacional y radicada en el Oriente boliviano: Santa Cruz, Beni y Tarija, que apostó por Jorge Quiroga y su agenda entreguista. -Del otro, la burguesía burocrática y los sectores populares, que encontraron en la candidatura de Paz – Lara la posibilidad de retomar una senda de reorganización del movimiento popular. Los resultados reflejan la contradictoria correlación social del país: Santa Cruz, Beni y Tarija se inclinaron por la ultra derecha, mientras que La Paz, Cochabamba, Sucre, Potosí, Oruro y Pando, lograron una victoria al PDC. 4. El peso político del voto popular Debe reconocerse el papel decisivo del respaldo popular vinculado al liderazgo de Evo Morales Ayma, cuya convocatoria sutil a votar a la derecha socialdemócrata del PDC (“el mal menor”) resultó fundamental para evitar el retorno de la retrógrada ultraderecha radical. 5. La victoria del pueblo Los resultados del Sistema de Recuento Preliminar (Sirepre) del Tribunal Supremo Electoral (TSE) confirman una victoria clara del PDC, con el 55% de los votos frente al 45% de la Alianza Libre. Esta diferencia de 10 puntos porcentuales demuestra que la mayoría del pueblo boliviano ha optado por la defensa de las conquistas logradas. 6. Desafíos del nuevo Gobierno Bolivia, en esta última etapa del MAS, enfrenta una crisis económica, social y política. Por ello, el pueblo deposita su confianza en el binomio de Rodrigo Paz y Edman Lara, esperando que impulse políticas nacionales y populares, orientadas a reactivar la economía sin cargar el peso de los ajustes únicamente sobre los trabajadores y las familias humildes. Los sacrificios que exige el momento histórico deben ser asumidos por las empresas transnacionales, monopolios y corporaciones, responsables de la dependencia del capitalismo boliviano. 7. Contra la corrupción y la burocratización El pueblo exige una lucha frontal contra la corrupción, la burocracia y los negociados, que han degradado al Estado y alejado a la política de la ética pública. Bolivia necesita un Estado eficiente y al servicio del pueblo, no de los intereses privados. Asimismo, se requiere una revolución en la educación, la ciencia y la tecnología, pilares fundamentales que generarán el desarrollo de las fuerzas productivas, la industrialización y el fortalecimiento del mercado interno. 8. Defensa de las conquistas sociales Desde la Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social reafirmamos que no deben eliminarse las conquistas sociales logradas en los últimos 20 años, producto de las luchas populares y de los gobiernos del MAS, pese a sus errores y desviaciones. La “nacionalización” de los recursos naturales, la estatización de las empresas públicas, las políticas redistributivas, la inclusión social y la dignificación de los pueblos indígenas son avances históricos que deben ser preservados y profundizados. 9. Compromiso con una comunicación popular, democrática y antiimperialista Como trabajadores de la comunicación, ratificamos nuestro firme compromiso con una comunicación veraz, crítica, emancipadora y al servicio del pueblo. Rechazamos toda forma de censura, concentración mediática y manipulación informativa. Exigimos una democratización real de los medios, con participación social, transparencia y ética. 10. Por una Bolivia soberana y justa Convocamos a todos los sectores patrióticos, progresistas, democráticos y populares a mantener la unidad, la vigilancia y la movilización consciente para garantizar que el nuevo gobierno social demócrata cumpla con su mandato de precautelar la soberanía nacional, reestructurar el Estado liberal garantista, redistribuir la riqueza y defender la dignidad del pueblo boliviano frente a toda injerencia y agresión extranjera. ¡Por una comunicación al servicio de la verdad, la justicia y la soberanía!¡Por una Bolivia libre, digna y antiimperialista! La Paz, 19 de octubre de 2025Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social de La Paz

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CAOTIZACIÓN DE LA SOCIEDAD IMPERIALISTA PARA MANTENER EL NÚCLEO Y LA ESTABILIDAD

Richard Gonzales El momento histórico en el que se vive, dentro de este sistema-mundo civilizatorio, refleja la más profunda crisis general: ideológica, política, económica y cultural. Es una crisis terminal, sin retorno, dado que se pierde el monopolio de la economía, la cultura y la política, hasta ahora jerarquizadas en los centros, las semiperiferias y las periferias.La hegemonía está rota y supura pestes por todos lados: criminalidad, desconcierto, caos, banalización, inmoralidad y toda forma de perversión humana expuesta a su máxima expresión, sin tapujos. El sistema se encuentra en su mayor debilidad y, por tanto, ataca todo aquello que amenace su subsistencia: ideas, movimientos, modelos alternativos o liderazgos. Para ello, utiliza incluso mecanismos que van más allá del llamado “derecho penal del enemigo”. La pérdida del control hegemónico de Occidente, después de quinientos años de dirección, influencia y dominio, no es poca cosa en el proceso histórico que hoy presenciamos. 1. Caotización de la sociedad como herramienta Ante la debilidad del sistema-mundo, se recurre al uso de la confusión social, la polarización política y la saturación informativa, generando una fatiga colectiva y desorientación moral. Ya no existe un vértice que dirija la historia con carácter de clase, como sucedió en el siglo pasado, cuando la clase obrera tomó las riendas de su destino en Rusia y posteriormente en China, generando una corriente masiva de luchas de liberación mundial y movimientos antisistema. Hoy, esa posibilidad sigue latente, dadas las condiciones materiales que se agudizan; sin embargo, sus expresiones son dispersas y, en muchos casos, espontáneas.Ante la debilidad de la capacidad crítica de las masas, el sistema utiliza el caos como instrumento de manipulación. Así, el caos no destruye el orden: lo legitima. Al final, como ya sucede, la población termina pidiendo más control, el ingreso de las fuerzas armadas y la restricción de derechos y libertades en nombre de la “seguridad”, dentro de un caos dosificado y dirigido. 2. Criminalización de la disidencia El sistema está débil, y esa debilidad se disfraza de “seguridad”. Es un reflejo auténtico del miedo a las masas. Hoy dos proyectos de sistema-mundo se enfrentan a muerte, aunque en el fondo se trate de una contradicción interna del mismo sistema.A nivel mundial, hay un despertar de las masas —el otro gran actor histórico— que se expresa en voces críticas y movimientos incluso dentro del seno del propio imperio. Son muchas las voces que cuestionan la narrativa dominante, aunque con diferentes tendencias y propuestas políticas, económicas, ecológicas y culturales. El debate y el diagnóstico son múltiples y reflejan un descontento generalizado ante un mundo que se derrumba. Por ello, la respuesta del sistema es etiquetar toda disidencia como “peligrosa”, “radical” o “desinformada”. Aparecen formas encubiertas de censura y control del pensamiento, con el fin de fabricar consensos mediante el miedo y legitimar la recomposición de un “nuevo orden” elitista y tecno-feudal, que ya se perfila con claridad. 3. Globalización digital y alineamiento ideológico El acelerado proceso de digitalización y la concentración del poder en las plataformas tecnológicas —previamente legitimado por ese nuevo orden elitista y tecno-feudal— tienen como objetivo el control total de las masas y la neutralización de la disidencia.Bajo el argumento de la “seguridad interna”, se implementa un control biométrico y de alta vigilancia con fines preventivos. De este modo, a través de algoritmos, se construye una cultura de la vigilancia y un discurso unificado del sistema.Es el algoritmo, precisamente, el que selecciona lo que ves, lo que te gusta, lo que lees, lo que crees y lo que piensas. Su finalidad es uniformar la “nueva cultura” del tiempo de la inteligencia artificial, para impedir el nacimiento de otro mundo posible para los oprimidos.Si en el sistema feudal el control absoluto residía en el monarca y en los señores feudales —legitimados por la cruz y un dios divino—, hoy ese control se concentra en las corporaciones, en el control social y en el nuevo “dios” del algoritmo, que decide todo. Como consecuencia, emerge la deshumanización o el poshumanismo: la máquina, la inteligencia artificial, se convierte en el centro, mientras se construye un Homo Deus de la civilización, cuyo diseño ya está en marcha. ¿Qué está en juego? Está en juego la continuidad de la civilización tal como la conocemos, replanteada bajo el diseño de un nuevo orden en medio de la Cuarta Revolución Industrial.Las bases del mundo moderno se fundaron sobre una lógica: la acumulación ilimitada. De allí derivan el crecimiento, la innovación constante, el consumo exacerbado, la disputa y el control de los recursos finitos, que han provocado guerras, crisis y una devastadora crisis ecológica. La crisis económica mundial es estructural: genera desigualdad, endeudamiento global y pérdida de la tasa de ganancia del capital, impulsando el tecno-feudalismo.En este contexto, la política se reconfigura para adaptarse al nuevo orden, más allá de las teorías de igualdad, democracia o legitimación por el voto, principios de la revolución burguesa que hoy atraviesa su crisis de legitimidad. El nuevo orden propuesto considera la desigualdad como principio, no como excepción. Ya no se pretende legitimar el poder mediante el voto, sino mediante la determinación directa de las élites sobre todos los aspectos de la vida, mientras el resto de la humanidad obedece. La caotización social se expresa en múltiples formas: incentivo a la criminalidad, narcotráfico, legalización del consumo de drogas, desintegración familiar, corrupción estatal e inmoralidad. Todo esto busca implementar el nuevo orden tecno-feudal, desgastando la capacidad organizativa colectiva y manteniendo a las masas en el miedo y la incertidumbre, para neutralizar cualquier articulación alternativa.En las sociedades soberanas, el sistema responde con invasiones o con el hundimiento económico y político. La criminalización de la disidencia busca impedir que las masas construyan otro mundo posible. Por ello se persigue, encarcela o elimina al disidente mediante castigos ejemplificadores, incluso si se trata de ancianos o jóvenes. 4. Hipertecnificación El control biométrico total de la población está en plena marcha y se manifiesta en la vigilancia digital cotidiana. Ya no se necesita la coerción física como método de imposición cultural o ideológica; hoy esa

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La Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social de La Paz, en ejercicio de su responsabilidad histórica y su compromiso con la verdad, la soberanía nacional y los intereses del pueblo boliviano, se dirige al país para expresar su posición ante el proceso electoral que culminó el domingo 19 de octubre de 2025, cuando, por primera vez en nuestra historia democrática, se realizó una segunda vuelta presidencial. 1. Un proceso electoral inédito y decisivo Tras la primera vuelta del 17 de agosto, el escenario político nacional se definió entre dos proyectos de país con diferencias muy tenues. De un lado, el Partido Demócrata Cristiano (PDC) representado por los candidatos Rodrigo Paz Pereira y Edman Lara, expresión de una corriente democrática liberal; y del otro, el movimiento Alianza Libre (AL)representado por Jorge “Tuto” Quiroga, fascista, ultraderechista, defensor del neoliberalismo, del imperialismo, del sionismo y del sometimiento del país a intereses depredadores extranjeros. Un hecho político relevante fue el respaldo popular al voto nulo, que se consolidó como la tercera fuerza y que simbolizó el apoyo al expresidente Evo Morales Ayma, demostrando que las ideas de justicia social, soberanía y dignidad nacional perviven en el pueblo boliviano. 2. Manipulación mediática y encuestadoras: una farsa desenmascarada Durante los días previos a la segunda vuelta, empresas encuestadoras y medios masivos de manipulación y desinformación difundieron datos falsos que daban por ganador al candidato de la ultraderecha apátrida. Estas operaciones mediáticas fueron parte de una estrategia de manipulación de la opinión pública, encaminada a favorecer a los enemigos históricos del pueblo y la nación: la oligarquía vendepatria, proimperialista y prosionista que siempre buscó convertir a Bolivia en un enclave de saqueo en favor del imperialismo y sus “socios”. Los trabajadores de la comunicación denunciamos y desenmascaramos una vez más el rol servil de estos medios al gran capital extranjero, renunciando a su obligación informativa usando la propaganda como arma de dominación. 3. Un proyecto de clase dominante con dos facciones -De un lado, la burguesía compradora, ligada al capital transnacional y radicada en el Oriente boliviano: Santa Cruz, Beni y Tarija, que apostó por Jorge Quiroga y su agenda entreguista. -Del otro, la burguesía burocrática y los sectores populares, que encontraron en la candidatura de Paz – Lara la posibilidad de retomar una senda de reorganización del movimiento popular. Los resultados reflejan la contradictoria correlación social del país: Santa Cruz, Beni y Tarija se inclinaron por la ultra derecha, mientras que La Paz, Cochabamba, Sucre, Potosí, Oruro y Pando, lograron una victoria al PDC. 4. El peso político del voto popular Debe reconocerse el papel decisivo del respaldo popular vinculado al liderazgo de Evo Morales Ayma, cuya convocatoria sutil a votar a la derecha socialdemócrata del PDC (“el mal menor”) resultó fundamental para evitar el retorno de la retrógrada ultraderecha radical. 5. La victoria del pueblo Los resultados del Sistema de Recuento Preliminar (Sirepre) del Tribunal Supremo Electoral (TSE) confirman una victoria clara del PDC, con el 55% de los votos frente al 45% de la Alianza Libre. Esta diferencia de 10 puntos porcentuales demuestra que la mayoría del pueblo boliviano ha optado por la defensa de las conquistas logradas. 6. Desafíos del nuevo Gobierno Bolivia, en esta última etapa del MAS, enfrenta una crisis económica, social y política. Por ello, el pueblo deposita su confianza en el binomio de Rodrigo Paz y Edman Lara, esperando que impulse políticas nacionales y populares, orientadas a reactivar la economía sin cargar el peso de los ajustes únicamente sobre los trabajadores y las familias humildes. Los sacrificios que exige el momento histórico deben ser asumidos por las empresas transnacionales, monopolios y corporaciones, responsables de la dependencia del capitalismo boliviano. 7. Contra la corrupción y la burocratización El pueblo exige una lucha frontal contra la corrupción, la burocracia y los negociados, que han degradado al Estado y alejado a la política de la ética pública. Bolivia necesita un Estado eficiente y al servicio del pueblo, no de los intereses privados. Asimismo, se requiere una revolución en la educación, la ciencia y la tecnología, pilares fundamentales que generarán el desarrollo de las fuerzas productivas, la industrialización y el fortalecimiento del mercado interno. 8. Defensa de las conquistas sociales Desde la Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social reafirmamos que no deben eliminarse las conquistas sociales logradas en los últimos 20 años, producto de las luchas populares y de los gobiernos del MAS, pese a sus errores y desviaciones. La “nacionalización” de los recursos naturales, la estatización de las empresas públicas, las políticas redistributivas, la inclusión social y la dignificación de los pueblos indígenas son avances históricos que deben ser preservados y profundizados. 9. Compromiso con una comunicación popular, democrática y antiimperialista Como trabajadores de la comunicación, ratificamos nuestro firme compromiso con una comunicación veraz, crítica, emancipadora y al servicio del pueblo. Rechazamos toda forma de censura, concentración mediática y manipulación informativa. Exigimos una democratización real de los medios, con participación social, transparencia y ética. 10. Por una Bolivia soberana y justa Convocamos a todos los sectores patrióticos, progresistas, democráticos y populares a mantener la unidad, la vigilancia y la movilización consciente para garantizar que el nuevo gobierno social demócrata cumpla con su mandato de precautelar la soberanía nacional, reestructurar el Estado liberal garantista, redistribuir la riqueza y defender la dignidad del pueblo boliviano frente a toda injerencia y agresión extranjera. ¡Por una comunicación al servicio de la verdad, la justicia y la soberanía!¡Por una Bolivia libre, digna y antiimperialista! La Paz, 19 de octubre de 2025Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social de La Paz

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Richard Gonzales El momento histórico en el que se vive, dentro de este sistema-mundo civilizatorio, refleja la más profunda crisis general: ideológica, política, económica y cultural. Es una crisis terminal, sin retorno, dado que se pierde el monopolio de la economía, la cultura y la política, hasta ahora jerarquizadas en los centros, las semiperiferias y las periferias.La hegemonía está rota y supura pestes por todos lados: criminalidad, desconcierto, caos, banalización, inmoralidad y toda forma de perversión humana expuesta a su máxima expresión, sin tapujos. El sistema se encuentra en su mayor debilidad y, por tanto, ataca todo aquello que amenace su subsistencia: ideas, movimientos, modelos alternativos o liderazgos. Para ello, utiliza incluso mecanismos que van más allá del llamado “derecho penal del enemigo”. La pérdida del control hegemónico de Occidente, después de quinientos años de dirección, influencia y dominio, no es poca cosa en el proceso histórico que hoy presenciamos. 1. Caotización de la sociedad como herramienta Ante la debilidad del sistema-mundo, se recurre al uso de la confusión social, la polarización política y la saturación informativa, generando una fatiga colectiva y desorientación moral. Ya no existe un vértice que dirija la historia con carácter de clase, como sucedió en el siglo pasado, cuando la clase obrera tomó las riendas de su destino en Rusia y posteriormente en China, generando una corriente masiva de luchas de liberación mundial y movimientos antisistema. Hoy, esa posibilidad sigue latente, dadas las condiciones materiales que se agudizan; sin embargo, sus expresiones son dispersas y, en muchos casos, espontáneas.Ante la debilidad de la capacidad crítica de las masas, el sistema utiliza el caos como instrumento de manipulación. Así, el caos no destruye el orden: lo legitima. Al final, como ya sucede, la población termina pidiendo más control, el ingreso de las fuerzas armadas y la restricción de derechos y libertades en nombre de la “seguridad”, dentro de un caos dosificado y dirigido. 2. Criminalización de la disidencia El sistema está débil, y esa debilidad se disfraza de “seguridad”. Es un reflejo auténtico del miedo a las masas. Hoy dos proyectos de sistema-mundo se enfrentan a muerte, aunque en el fondo se trate de una contradicción interna del mismo sistema.A nivel mundial, hay un despertar de las masas —el otro gran actor histórico— que se expresa en voces críticas y movimientos incluso dentro del seno del propio imperio. Son muchas las voces que cuestionan la narrativa dominante, aunque con diferentes tendencias y propuestas políticas, económicas, ecológicas y culturales. El debate y el diagnóstico son múltiples y reflejan un descontento generalizado ante un mundo que se derrumba. Por ello, la respuesta del sistema es etiquetar toda disidencia como “peligrosa”, “radical” o “desinformada”. Aparecen formas encubiertas de censura y control del pensamiento, con el fin de fabricar consensos mediante el miedo y legitimar la recomposición de un “nuevo orden” elitista y tecno-feudal, que ya se perfila con claridad. 3. Globalización digital y alineamiento ideológico El acelerado proceso de digitalización y la concentración del poder en las plataformas tecnológicas —previamente legitimado por ese nuevo orden elitista y tecno-feudal— tienen como objetivo el control total de las masas y la neutralización de la disidencia.Bajo el argumento de la “seguridad interna”, se implementa un control biométrico y de alta vigilancia con fines preventivos. De este modo, a través de algoritmos, se construye una cultura de la vigilancia y un discurso unificado del sistema.Es el algoritmo, precisamente, el que selecciona lo que ves, lo que te gusta, lo que lees, lo que crees y lo que piensas. Su finalidad es uniformar la “nueva cultura” del tiempo de la inteligencia artificial, para impedir el nacimiento de otro mundo posible para los oprimidos.Si en el sistema feudal el control absoluto residía en el monarca y en los señores feudales —legitimados por la cruz y un dios divino—, hoy ese control se concentra en las corporaciones, en el control social y en el nuevo “dios” del algoritmo, que decide todo. Como consecuencia, emerge la deshumanización o el poshumanismo: la máquina, la inteligencia artificial, se convierte en el centro, mientras se construye un Homo Deus de la civilización, cuyo diseño ya está en marcha. ¿Qué está en juego? Está en juego la continuidad de la civilización tal como la conocemos, replanteada bajo el diseño de un nuevo orden en medio de la Cuarta Revolución Industrial.Las bases del mundo moderno se fundaron sobre una lógica: la acumulación ilimitada. De allí derivan el crecimiento, la innovación constante, el consumo exacerbado, la disputa y el control de los recursos finitos, que han provocado guerras, crisis y una devastadora crisis ecológica. La crisis económica mundial es estructural: genera desigualdad, endeudamiento global y pérdida de la tasa de ganancia del capital, impulsando el tecno-feudalismo.En este contexto, la política se reconfigura para adaptarse al nuevo orden, más allá de las teorías de igualdad, democracia o legitimación por el voto, principios de la revolución burguesa que hoy atraviesa su crisis de legitimidad. El nuevo orden propuesto considera la desigualdad como principio, no como excepción. Ya no se pretende legitimar el poder mediante el voto, sino mediante la determinación directa de las élites sobre todos los aspectos de la vida, mientras el resto de la humanidad obedece. La caotización social se expresa en múltiples formas: incentivo a la criminalidad, narcotráfico, legalización del consumo de drogas, desintegración familiar, corrupción estatal e inmoralidad. Todo esto busca implementar el nuevo orden tecno-feudal, desgastando la capacidad organizativa colectiva y manteniendo a las masas en el miedo y la incertidumbre, para neutralizar cualquier articulación alternativa.En las sociedades soberanas, el sistema responde con invasiones o con el hundimiento económico y político. La criminalización de la disidencia busca impedir que las masas construyan otro mundo posible. Por ello se persigue, encarcela o elimina al disidente mediante castigos ejemplificadores, incluso si se trata de ancianos o jóvenes. 4. Hipertecnificación El control biométrico total de la población está en plena marcha y se manifiesta en la vigilancia digital cotidiana. Ya no se necesita la coerción física como método de imposición cultural o ideológica; hoy esa

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La Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social de La Paz, en ejercicio de su responsabilidad histórica y su compromiso con la verdad, la soberanía nacional y los intereses del pueblo boliviano, se dirige al país para expresar su posición ante el proceso electoral que culminó el domingo 19 de octubre de 2025, cuando, por primera vez en nuestra historia democrática, se realizó una segunda vuelta presidencial. 1. Un proceso electoral inédito y decisivo Tras la primera vuelta del 17 de agosto, el escenario político nacional se definió entre dos proyectos de país con diferencias muy tenues. De un lado, el Partido Demócrata Cristiano (PDC) representado por los candidatos Rodrigo Paz Pereira y Edman Lara, expresión de una corriente democrática liberal; y del otro, el movimiento Alianza Libre (AL)representado por Jorge “Tuto” Quiroga, fascista, ultraderechista, defensor del neoliberalismo, del imperialismo, del sionismo y del sometimiento del país a intereses depredadores extranjeros. Un hecho político relevante fue el respaldo popular al voto nulo, que se consolidó como la tercera fuerza y que simbolizó el apoyo al expresidente Evo Morales Ayma, demostrando que las ideas de justicia social, soberanía y dignidad nacional perviven en el pueblo boliviano. 2. Manipulación mediática y encuestadoras: una farsa desenmascarada Durante los días previos a la segunda vuelta, empresas encuestadoras y medios masivos de manipulación y desinformación difundieron datos falsos que daban por ganador al candidato de la ultraderecha apátrida. Estas operaciones mediáticas fueron parte de una estrategia de manipulación de la opinión pública, encaminada a favorecer a los enemigos históricos del pueblo y la nación: la oligarquía vendepatria, proimperialista y prosionista que siempre buscó convertir a Bolivia en un enclave de saqueo en favor del imperialismo y sus “socios”. Los trabajadores de la comunicación denunciamos y desenmascaramos una vez más el rol servil de estos medios al gran capital extranjero, renunciando a su obligación informativa usando la propaganda como arma de dominación. 3. Un proyecto de clase dominante con dos facciones -De un lado, la burguesía compradora, ligada al capital transnacional y radicada en el Oriente boliviano: Santa Cruz, Beni y Tarija, que apostó por Jorge Quiroga y su agenda entreguista. -Del otro, la burguesía burocrática y los sectores populares, que encontraron en la candidatura de Paz – Lara la posibilidad de retomar una senda de reorganización del movimiento popular. Los resultados reflejan la contradictoria correlación social del país: Santa Cruz, Beni y Tarija se inclinaron por la ultra derecha, mientras que La Paz, Cochabamba, Sucre, Potosí, Oruro y Pando, lograron una victoria al PDC. 4. El peso político del voto popular Debe reconocerse el papel decisivo del respaldo popular vinculado al liderazgo de Evo Morales Ayma, cuya convocatoria sutil a votar a la derecha socialdemócrata del PDC (“el mal menor”) resultó fundamental para evitar el retorno de la retrógrada ultraderecha radical. 5. La victoria del pueblo Los resultados del Sistema de Recuento Preliminar (Sirepre) del Tribunal Supremo Electoral (TSE) confirman una victoria clara del PDC, con el 55% de los votos frente al 45% de la Alianza Libre. Esta diferencia de 10 puntos porcentuales demuestra que la mayoría del pueblo boliviano ha optado por la defensa de las conquistas logradas. 6. Desafíos del nuevo Gobierno Bolivia, en esta última etapa del MAS, enfrenta una crisis económica, social y política. Por ello, el pueblo deposita su confianza en el binomio de Rodrigo Paz y Edman Lara, esperando que impulse políticas nacionales y populares, orientadas a reactivar la economía sin cargar el peso de los ajustes únicamente sobre los trabajadores y las familias humildes. Los sacrificios que exige el momento histórico deben ser asumidos por las empresas transnacionales, monopolios y corporaciones, responsables de la dependencia del capitalismo boliviano. 7. Contra la corrupción y la burocratización El pueblo exige una lucha frontal contra la corrupción, la burocracia y los negociados, que han degradado al Estado y alejado a la política de la ética pública. Bolivia necesita un Estado eficiente y al servicio del pueblo, no de los intereses privados. Asimismo, se requiere una revolución en la educación, la ciencia y la tecnología, pilares fundamentales que generarán el desarrollo de las fuerzas productivas, la industrialización y el fortalecimiento del mercado interno. 8. Defensa de las conquistas sociales Desde la Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social reafirmamos que no deben eliminarse las conquistas sociales logradas en los últimos 20 años, producto de las luchas populares y de los gobiernos del MAS, pese a sus errores y desviaciones. La “nacionalización” de los recursos naturales, la estatización de las empresas públicas, las políticas redistributivas, la inclusión social y la dignificación de los pueblos indígenas son avances históricos que deben ser preservados y profundizados. 9. Compromiso con una comunicación popular, democrática y antiimperialista Como trabajadores de la comunicación, ratificamos nuestro firme compromiso con una comunicación veraz, crítica, emancipadora y al servicio del pueblo. Rechazamos toda forma de censura, concentración mediática y manipulación informativa. Exigimos una democratización real de los medios, con participación social, transparencia y ética. 10. Por una Bolivia soberana y justa Convocamos a todos los sectores patrióticos, progresistas, democráticos y populares a mantener la unidad, la vigilancia y la movilización consciente para garantizar que el nuevo gobierno social demócrata cumpla con su mandato de precautelar la soberanía nacional, reestructurar el Estado liberal garantista, redistribuir la riqueza y defender la dignidad del pueblo boliviano frente a toda injerencia y agresión extranjera. ¡Por una comunicación al servicio de la verdad, la justicia y la soberanía!¡Por una Bolivia libre, digna y antiimperialista! La Paz, 19 de octubre de 2025Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social de La Paz

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La pérdida del control hegemónico de Occidente, después de quinientos años de dirección, influencia y dominio, no es poca cosa en el proceso histórico que hoy presenciamos. 1. Caotización de la sociedad como herramienta Ante la debilidad del sistema-mundo, se recurre al uso de la confusión social, la polarización política y la saturación informativa, generando una fatiga colectiva y desorientación moral. Ya no existe un vértice que dirija la historia con carácter de clase, como sucedió en el siglo pasado, cuando la clase obrera tomó las riendas de su destino en Rusia y posteriormente en China, generando una corriente masiva de luchas de liberación mundial y movimientos antisistema. Hoy, esa posibilidad sigue latente, dadas las condiciones materiales que se agudizan; sin embargo, sus expresiones son dispersas y, en muchos casos, espontáneas.Ante la debilidad de la capacidad crítica de las masas, el sistema utiliza el caos como instrumento de manipulación. Así, el caos no destruye el orden: lo legitima. Al final, como ya sucede, la población termina pidiendo más control, el ingreso de las fuerzas armadas y la restricción de derechos y libertades en nombre de la “seguridad”, dentro de un caos dosificado y dirigido. 2. Criminalización de la disidencia El sistema está débil, y esa debilidad se disfraza de “seguridad”. Es un reflejo auténtico del miedo a las masas. Hoy dos proyectos de sistema-mundo se enfrentan a muerte, aunque en el fondo se trate de una contradicción interna del mismo sistema.A nivel mundial, hay un despertar de las masas —el otro gran actor histórico— que se expresa en voces críticas y movimientos incluso dentro del seno del propio imperio. Son muchas las voces que cuestionan la narrativa dominante, aunque con diferentes tendencias y propuestas políticas, económicas, ecológicas y culturales. El debate y el diagnóstico son múltiples y reflejan un descontento generalizado ante un mundo que se derrumba. Por ello, la respuesta del sistema es etiquetar toda disidencia como “peligrosa”, “radical” o “desinformada”. Aparecen formas encubiertas de censura y control del pensamiento, con el fin de fabricar consensos mediante el miedo y legitimar la recomposición de un “nuevo orden” elitista y tecno-feudal, que ya se perfila con claridad. 3. Globalización digital y alineamiento ideológico El acelerado proceso de digitalización y la concentración del poder en las plataformas tecnológicas —previamente legitimado por ese nuevo orden elitista y tecno-feudal— tienen como objetivo el control total de las masas y la neutralización de la disidencia.Bajo el argumento de la “seguridad interna”, se implementa un control biométrico y de alta vigilancia con fines preventivos. De este modo, a través de algoritmos, se construye una cultura de la vigilancia y un discurso unificado del sistema.Es el algoritmo, precisamente, el que selecciona lo que ves, lo que te gusta, lo que lees, lo que crees y lo que piensas. Su finalidad es uniformar la “nueva cultura” del tiempo de la inteligencia artificial, para impedir el nacimiento de otro mundo posible para los oprimidos.Si en el sistema feudal el control absoluto residía en el monarca y en los señores feudales —legitimados por la cruz y un dios divino—, hoy ese control se concentra en las corporaciones, en el control social y en el nuevo “dios” del algoritmo, que decide todo. Como consecuencia, emerge la deshumanización o el poshumanismo: la máquina, la inteligencia artificial, se convierte en el centro, mientras se construye un Homo Deus de la civilización, cuyo diseño ya está en marcha. ¿Qué está en juego? Está en juego la continuidad de la civilización tal como la conocemos, replanteada bajo el diseño de un nuevo orden en medio de la Cuarta Revolución Industrial.Las bases del mundo moderno se fundaron sobre una lógica: la acumulación ilimitada. De allí derivan el crecimiento, la innovación constante, el consumo exacerbado, la disputa y el control de los recursos finitos, que han provocado guerras, crisis y una devastadora crisis ecológica. La crisis económica mundial es estructural: genera desigualdad, endeudamiento global y pérdida de la tasa de ganancia del capital, impulsando el tecno-feudalismo.En este contexto, la política se reconfigura para adaptarse al nuevo orden, más allá de las teorías de igualdad, democracia o legitimación por el voto, principios de la revolución burguesa que hoy atraviesa su crisis de legitimidad. El nuevo orden propuesto considera la desigualdad como principio, no como excepción. Ya no se pretende legitimar el poder mediante el voto, sino mediante la determinación directa de las élites sobre todos los aspectos de la vida, mientras el resto de la humanidad obedece. La caotización social se expresa en múltiples formas: incentivo a la criminalidad, narcotráfico, legalización del consumo de drogas, desintegración familiar, corrupción estatal e inmoralidad. Todo esto busca implementar el nuevo orden tecno-feudal, desgastando la capacidad organizativa colectiva y manteniendo a las masas en el miedo y la incertidumbre, para neutralizar cualquier articulación alternativa.En las sociedades soberanas, el sistema responde con invasiones o con el hundimiento económico y político. La criminalización de la disidencia busca impedir que las masas construyan otro mundo posible. Por ello se persigue, encarcela o elimina al disidente mediante castigos ejemplificadores, incluso si se trata de ancianos o jóvenes. 4. Hipertecnificación El control biométrico total de la población está en plena marcha y se manifiesta en la vigilancia digital cotidiana. Ya no se necesita la coerción física como método de imposición cultural o ideológica; hoy esa

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LA LUMPEN BURGUESÍA PERUANA Y LA REPRESIÓN AL PUEBLO EN LUCHA

LA LUMPEN BURGUESÍA PERUANA Y LA REPRESIÓN AL PUEBLO EN LUCHA Richard Gonzales La lucha de clases entre opresores y oprimidos se agudiza, mientras en el frente del enemigo, cada vez más aislado, una minoría de corporaciones nacionales e imperialistas saqueadoras, defendidas por la fuerza armada y un puñado de congresistas y jueces vendepatrias, al servicio de esos gánsteres y a la embajada yanqui en forma abierta y descarada. Los pueblos del Perú, en pie de lucha constante, quienes, con su espíritu combativo, los cuales, en su sangre quechua y aimara, llevan el estandarte del verdadero patriota y quien defiende la nación realmente, aún a costa de su propia vida o sangre vertida. Esta lumpen burguesía ha extremado su opresión y saqueo a todo el pueblo, lo que hace vivir en las más humillantes condiciones de vida, caotizando la sociedad con anarquía, delincuencia y todas las inmoralidades que haya. Han pateado hasta el tablero de sus propias leyes, normas, tratados, convenciones. Generan las condiciones para una mayor represión y una dictadura abierta. Asumen una doctrina del caos permanente, ya no el “imperio de la ley” o “estado de derecho”; pretenden una sociedad de siervos, pretenden un retroceso de la sociedad políticamente hablando. Destruyen el fundamento moral de la modernidad, de la revolución burguesa, del liberalismo, de su civilización, y reemplazan la “verdad” por la “opinión”, el “bien” por la “utilidad”, y la “sabiduría” por la “ciencia técnica”. Como dicen sus mentores del neoliberalismo tecno feudal y elitista: “… no todos los hombres están preparados para que conozcan la verdad”, “el sabio en cambio comprende la verdad detrás de los mitos, pero sin revelar por completo”. Es una justificación del elitismo y un desprecio de la masa, razón por la que se recurre hasta el genocidio, el asesinato, la persecución, la criminalización de las luchas. Degeneran la democracia “moderna”, liberal, formal, para que sus principios “igualitarios” se destruyan, por medio de su burocracia, para rediseñar el mundo, así implantar una sociedad dirigida por corporaciones, por la eficiencia y jerarquías, no por votos o derechos universales. Sus planteamientos actuales son que: “la desigualdad es natural”; por tanto, las bases de la civilización actual deben sufrir dramáticos cambios elitistas, aristocráticos y tecno feudales. Razón por la que se implementa bajo política de “seguridad interna” el control biométrico de la sociedad, algoritmos, redes autónomas, el nihilismo, elitismo y poshumanismo extremo. Las masas desbordan en lucha y combate, por tanto, necesitan su control y vigilancia total; está en marcha ese plan, no solo en la sociedad peruana, sino a nivel universal; por tanto, oponerse y luchar es parte de la resistencia y combate a esos planes, la que como consecuencia lleva a demandar y luchar por democracia, libertad y el ejercicio del más alto derecho a la transformación de la sociedad. 16/10/2025

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CAOTIZACIÓN DE LA SOCIEDAD IMPERIALISTA PARA MANTENER EL NÚCLEO Y LA ESTABILIDAD

Richard Gonzales El momento histórico en el que se vive, dentro de este sistema-mundo civilizatorio, refleja la más profunda crisis general: ideológica, política, económica y cultural. Es una crisis terminal, sin retorno, dado que se pierde el monopolio de la economía, la cultura y la política, hasta ahora jerarquizadas en los centros, las semiperiferias y las periferias.La hegemonía está rota y supura pestes por todos lados: criminalidad, desconcierto, caos, banalización, inmoralidad y toda forma de perversión humana expuesta a su máxima expresión, sin tapujos. El sistema se encuentra en su mayor debilidad y, por tanto, ataca todo aquello que amenace su subsistencia: ideas, movimientos, modelos alternativos o liderazgos. Para ello, utiliza incluso mecanismos que van más allá del llamado “derecho penal del enemigo”. La pérdida del control hegemónico de Occidente, después de quinientos años de dirección, influencia y dominio, no es poca cosa en el proceso histórico que hoy presenciamos. 1. Caotización de la sociedad como herramienta Ante la debilidad del sistema-mundo, se recurre al uso de la confusión social, la polarización política y la saturación informativa, generando una fatiga colectiva y desorientación moral. Ya no existe un vértice que dirija la historia con carácter de clase, como sucedió en el siglo pasado, cuando la clase obrera tomó las riendas de su destino en Rusia y posteriormente en China, generando una corriente masiva de luchas de liberación mundial y movimientos antisistema. Hoy, esa posibilidad sigue latente, dadas las condiciones materiales que se agudizan; sin embargo, sus expresiones son dispersas y, en muchos casos, espontáneas.Ante la debilidad de la capacidad crítica de las masas, el sistema utiliza el caos como instrumento de manipulación. Así, el caos no destruye el orden: lo legitima. Al final, como ya sucede, la población termina pidiendo más control, el ingreso de las fuerzas armadas y la restricción de derechos y libertades en nombre de la “seguridad”, dentro de un caos dosificado y dirigido. 2. Criminalización de la disidencia El sistema está débil, y esa debilidad se disfraza de “seguridad”. Es un reflejo auténtico del miedo a las masas. Hoy dos proyectos de sistema-mundo se enfrentan a muerte, aunque en el fondo se trate de una contradicción interna del mismo sistema.A nivel mundial, hay un despertar de las masas —el otro gran actor histórico— que se expresa en voces críticas y movimientos incluso dentro del seno del propio imperio. Son muchas las voces que cuestionan la narrativa dominante, aunque con diferentes tendencias y propuestas políticas, económicas, ecológicas y culturales. El debate y el diagnóstico son múltiples y reflejan un descontento generalizado ante un mundo que se derrumba. Por ello, la respuesta del sistema es etiquetar toda disidencia como “peligrosa”, “radical” o “desinformada”. Aparecen formas encubiertas de censura y control del pensamiento, con el fin de fabricar consensos mediante el miedo y legitimar la recomposición de un “nuevo orden” elitista y tecno-feudal, que ya se perfila con claridad. 3. Globalización digital y alineamiento ideológico El acelerado proceso de digitalización y la concentración del poder en las plataformas tecnológicas —previamente legitimado por ese nuevo orden elitista y tecno-feudal— tienen como objetivo el control total de las masas y la neutralización de la disidencia.Bajo el argumento de la “seguridad interna”, se implementa un control biométrico y de alta vigilancia con fines preventivos. De este modo, a través de algoritmos, se construye una cultura de la vigilancia y un discurso unificado del sistema.Es el algoritmo, precisamente, el que selecciona lo que ves, lo que te gusta, lo que lees, lo que crees y lo que piensas. Su finalidad es uniformar la “nueva cultura” del tiempo de la inteligencia artificial, para impedir el nacimiento de otro mundo posible para los oprimidos.Si en el sistema feudal el control absoluto residía en el monarca y en los señores feudales —legitimados por la cruz y un dios divino—, hoy ese control se concentra en las corporaciones, en el control social y en el nuevo “dios” del algoritmo, que decide todo. Como consecuencia, emerge la deshumanización o el poshumanismo: la máquina, la inteligencia artificial, se convierte en el centro, mientras se construye un Homo Deus de la civilización, cuyo diseño ya está en marcha. ¿Qué está en juego? Está en juego la continuidad de la civilización tal como la conocemos, replanteada bajo el diseño de un nuevo orden en medio de la Cuarta Revolución Industrial.Las bases del mundo moderno se fundaron sobre una lógica: la acumulación ilimitada. De allí derivan el crecimiento, la innovación constante, el consumo exacerbado, la disputa y el control de los recursos finitos, que han provocado guerras, crisis y una devastadora crisis ecológica. La crisis económica mundial es estructural: genera desigualdad, endeudamiento global y pérdida de la tasa de ganancia del capital, impulsando el tecno-feudalismo.En este contexto, la política se reconfigura para adaptarse al nuevo orden, más allá de las teorías de igualdad, democracia o legitimación por el voto, principios de la revolución burguesa que hoy atraviesa su crisis de legitimidad. El nuevo orden propuesto considera la desigualdad como principio, no como excepción. Ya no se pretende legitimar el poder mediante el voto, sino mediante la determinación directa de las élites sobre todos los aspectos de la vida, mientras el resto de la humanidad obedece. La caotización social se expresa en múltiples formas: incentivo a la criminalidad, narcotráfico, legalización del consumo de drogas, desintegración familiar, corrupción estatal e inmoralidad. Todo esto busca implementar el nuevo orden tecno-feudal, desgastando la capacidad organizativa colectiva y manteniendo a las masas en el miedo y la incertidumbre, para neutralizar cualquier articulación alternativa.En las sociedades soberanas, el sistema responde con invasiones o con el hundimiento económico y político. La criminalización de la disidencia busca impedir que las masas construyan otro mundo posible. Por ello se persigue, encarcela o elimina al disidente mediante castigos ejemplificadores, incluso si se trata de ancianos o jóvenes. 4. Hipertecnificación El control biométrico total de la población está en plena marcha y se manifiesta en la vigilancia digital cotidiana. Ya no se necesita la coerción física como método de imposición cultural o ideológica; hoy esa

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