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La huelga silenciosa de las cunas y la crisis de reproducción social en el capitalismo

Por Alex A. Chamán Portugal Introducción La estrepitosa caída de la demografía global no es una anomalía estadística ni una moda pasajera de las nuevas generaciones; es el síntoma inequívoco de un decadente sistema capitalista en situación de mayor agonía. La conciencia humana no flota en un vacío abstracto, sino que es el reflejo directo de las condiciones materiales de existencia. Por consiguiente, lo que la propaganda liberal vende como una decisión libre de renunciar a la maternidad o paternidad, es en realidad el eco de una violencia reaccionaria inherentemente al sistema. Este fenómeno constituye una respuesta inevitable ante un capitalismo depredador en su fase imperialista y que, en su voracidad, ha mercantilizado la vida misma, reemplazando el optimismo histórico modernista por un hedonismo vacío y alienante propio de la decadencia posmoderna. I. La base o estructura material En el marco de la concepción científica del mundo el modo de producción condiciona el proceso de la vida social, por lo que debemos entender que la actual huelga de natalidad responde a una base económica de rapiña. El capital, en su afán de acumulación, ha desmantelado el Estado de Bienestar, dejando a las masas trabajadoras a la intemperie. Bajo la lógica neoliberal, derechos fundamentales como la salud, la vivienda, la educación y el trabajo digno han sido degradados a meras mercancías, convirtiendo la descendencia en un bien de lujo inalcanzable para las mayorías. Criar un hijo en el siglo XXI implica una carga económica asfixiante frente a la arremetida contra los derechos laborales traducido en salarios miserables y un costo de vida en alza permanente que lleva a mayor pauperización. Así, no se trata de una falta de deseo, sino de una imposibilidad material. La flexibilización laboral, los contratos basura y la tercerización han instaurado una dictadura de la inestabilidad. ¿Cómo puede la mayoría de la población asumir la responsabilidad de una nueva vida si el sistema le niega la certeza de su propia subsistencia inmediata?. El capital se ha desentendido de los costos de reproducción de su propia fuerza de trabajo, transfiriendo todo el riesgo a unas familias que, como mecanismo de defensa ante la explotación feroz, optan por no reproducirse. II. La superestructura ideológica Esta crisis material tiene su correlato en el mundo de las ideas, en que se libra una batalla entre la modernidad como proyecto y la posmodernidad como claudicación. Mientras que la modernidad, con todas sus contradicciones burguesas, prometía un progreso y bienestar colectivo donde tener hijos era una apuesta de fe en el futuro, el neoliberalismo ha impuesto una cultura posmoderna que celebra la fragmentación y el fin de los grandes relatos históricos. El capitalismo fomenta un hedonismo inmediato ante la incertidumbre del porvenir. Se empuja a la juventud a priorizar el placer efímero -viajes, consumismo compulsivo, cuidados excesivos de la apariencia, experiencias superfluas- por encima de la crianza, que exige esfuerzo, sacrificio y visión a largo plazo. Bajo la premisa del emprendedor de sí mismo, el hijo es percibido como un pasivo financiero o un obstáculo para la autorrealización profesional, y no como un ser humano pensante y operante que es parte del tejido social. En suma, es la victoria del egoísmo exacerbado sobre la solidaridad intergeneracional. III. Alienación y guerra cognitiva La burguesía utiliza sus aparatos ideológicos -prensa, redes sociales, industria cultural, etc.- para perpetrar una ofensiva cognitiva destinada a esterilizar la esperanza. Mediante la alienación del estilo de vida, se bombardea al sujeto con imágenes de una libertad desmedida que se reduce a la capacidad de consumir sin ataduras, disfrazando la soledad de autonomía y la falta de propósito de disfrute vital. Paralelamente, se instrumentaliza el miedo. Los medios amplifican narrativas catastrofistas sobre el colapso climático o la guerra inminente, no para movilizar, sino para paralizar. Se induce la pregunta: ¿Para qué traer hijos a un mundo en creciente descomposición?. Esta táctica oculta que la raíz del problema no es la sobrepoblación, sino un modo de producción decadente. Al individualizar el miedo, se desvía la ira que debería dirigirse contra el siniestro sistema, produciendo individuos sumisos, dóciles y aislados, incapaces de asumir responsabilidades en aras de construir la resistencia comunitaria que implica la familia. IV. La maternidad y paternidad como trinchera de resistencia El capitalismo es un sistema caníbal que termina devorando su propia base humana. Recordemos que Marx sostenía que el capitalismo destruye las fuerzas productivas y la naturaleza. Al hacer la vida insostenible, demuestra su obsolescencia histórica y su carácter reaccionario. Sin embargo, la respuesta no puede ser el nihilismo ni la extinción voluntaria, pues ello solo beneficia al explotador y opresor. Recuperar la maternidad y la paternidad, sea biológica o adoptiva, y ejercerla con conciencia crítica es hoy un acto de rebeldía. Es negarse a que el mercado dicte el fin de la historia humana. Politizar la crianza significa exigir las condiciones materiales para reproducir la vida con dignidad: tiempo libre, socialización de los cuidados y servicios públicos de calidad. Debemos desmontar el discurso posmoderno y recordar, como señalaba Marx, que la verdadera realización radica en nuestro ser genérico, en la conexión profunda con la comunidad y las generaciones venideras. Conclusión La huelga de cunas no debe leerse como una simple estadística a la baja, sino como la manifestación clínica de un antagonismo irreconciliable donde el capitalismo, en su fase imperialista, se ha vuelto incompatible con la biología misma. La maquinaria de acumulación ha llegado a tal grado de voracidad que, para sostener las insultantes tasas de ganancia de una clase burguesa parasitaria, necesita devorar no solo la fuerza de trabajo presente, sino canibalizar las generaciones futuras antes siquiera de que nazcan. Resulta infame, por tanto, que los ideólogos del sistema acusen a la juventud de flojera, hedonismo o falta de compromiso. La realidad material es que el capitalismo ha ejecutado un despojo sistemático del porvenir, expropiando a las masas trabajadoras de la capacidad mínima de planificación vital. Lo que se presenta como una elección individual de no tener hijos es, en el fondo, una huelga inconsciente, un

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UNA COSA ES LOS PROBLEMAS EN LA DIRECCION DEL ESTADO REACCIONARIO Y OTRA COSA ES EL DESARROLLAR DEL CAMINO DEL PUEBLO

Richard Gonzales10 de octubre de 2025 Los problemas que enfrenta el capitalismo dependiente del imperialismo en el Perú no son nuevos y están estrechamente vinculados a su modo de producción, aún caracterizado por un capitalismo tardío. Las relaciones productivas existentes atraviesan una profunda crisis, que forma parte de la crisis general del sistema imperante. Las disputas por el poder y la persistente acumulación del capital tienen como contraparte la más descarada explotación y opresión, expresadas en la precariedad laboral, la conculcación de derechos, la democracia formal y la disfuncionalidad del Estado. Ante el creciente descontento popular, la respuesta de las clases dominantes es el autoritarismo y la caotización de la sociedad, como mecanismos para contener la lucha de las masas que desborda los límites del orden burgués. Pero el asunto va más allá de los hechos coyunturales. Debemos comprender los sucesos de este país como manifestaciones de fenómenos universales, necesarios para explicar la caotización contemporánea de las sociedades. El problema de fondo radica en que el capitalismo en su fase imperialista ha alcanzado un nivel de reaccionarización tal, que hoy barre con su propia democracia liberal y con los derechos que alguna vez proclamó, intentando imponer un nuevo conservadurismo moral y social, una redefinición regresiva del orden mundial. Para ello, las élites capitalistas buscan romper toda cohesión social y nacional, destruir los límites y los obstáculos heredados de las revoluciones burguesas que aún contenían parcialmente la voracidad del capital. Pretenden así garantizar el derecho absoluto de las corporaciones, llevándolo al extremo de una codicia sin restricciones. De ahí que necesiten promover un conflicto permanente y profundo para justificar lo que Steve Bannon denomina una “crisis civilizatoria”. Como él mismo señala: “No basta ganar elecciones, tomar instituciones, infiltrar cargos públicos o influir en los think tanks; se trata de moldear estructuras estatales” para un mayor desencadenamiento del poder real burgués. En ese marco, la Cuarta Revolución Industrial acelera este proceso, en el que se busca el control total de la población y el dominio global mediante la tecnología. Para el capital transnacional, la democracia liberal —con ciertos derechos extendidos— entra en conflicto con lo que ellos consideran su “libertad individual” y el “progreso tecnológico ilimitado”. En consecuencia, plantean no la igualdad universal, sino la desigualdad estructural como principio de funcionamiento del sistema. En sus propias concepciones, libertad y democracia ya no son compatibles en sus formas actuales. Se debe, según ellos, abandonar el humanismo de la revolución burguesa y avanzar hacia una etapa “poshumanista”, donde la tecnología sustituya al ser humano como fuerza de trabajo. Proponen así un maquinismo extremo, una tecnomanía o incluso un neofeudalismo tecnológico. Estamos, pues, ante un proceso de nihilismo y antihumanismo: la desintegración del valor del ser humano como sujeto central. La centralidad del “hombre” como valor supremo del capitalismo liberal está agotada. En su lugar, se promueven los flujos del capital, el mecanicismo tecnológico y otros procesos evolutivos desprovistos de toda referencia humana. Sobre esa base se proyecta el ideal del “homo deus” de una minoría privilegiada, mientras el resto de la humanidad es reducido a siervos sin derechos ni libertades, subordinados a los designios de las élites. El resto de la población se convierte, gradualmente, en un excedente eliminable, ya sea mediante la guerra, el hambre o los llamados “métodos blandos” de control poblacional. De esta manera, las sociedades son caotizadas deliberadamente para provocar que los propios explotados se eliminen entre sí, reduciendo el “exceso” humano que el capital ya no necesita. Estas élites proponen una sociedad dirigida por corporaciones jerarquizadas, no por votos ni por derechos universales, sino por el poder de unos pocos. Se trata de un elitismo global, una forma de darwinismo social, la implantación de una aristocracia tecnológica o tecnocapitalismo. Según su planteamiento, el futuro no pertenece a las masas ni a su acción transformadora, sino a las máquinas, los algoritmos y las redes autónomas. El objetivo es liberar al capital y a la tecnología de toda restricción moral o democrática, instaurando un autoritarismo tecnológico y poshumano extremo, una auténtica filosofía del caos y del colapso, carente de toda ética humana. Solo comprendiendo estos procesos podemos explicar los sucesos del mundo actual. Lo que se halla en marcha es la acción deliberada de las élites globales contra la humanidad, razón por la cual se requiere mayor conciencia, capacidad de lucha, rebeldía y organización universal como contraparte de estos planes en curso. Los sujetos históricos deben activarse con decisión y firmeza frente al sistema inicuo y cruel que pretende conducirnos hacia una civilización de la deshumanización y la servidumbre tecnológica. 10/10/2025

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CUATROCIENTOS NOVENTA Y TRES AÑOS DE HUMILLACIÓN DEL PUEBLO PERUANO

Richard Gonzales Desde la invasión del imperio español, cuando la masa campesina era considerada como no humana, explotada y exterminada con todo tipo de trabajos forzados, hasta el sometimiento cultural impuesto bajo la cruz y el mosquete, el pueblo peruano ha vivido siglos de dominación. Tras la llamada “emancipación”, aquella humillación se profundizó bajo las botas de los hijos de los españoles, quienes pasaron del dominio imperial español al dominio de Inglaterra. A pesar de la lucha y resistencia de los pueblos —tanto bajo el yugo del imperio español como del inglés— la crueldad y el sufrimiento prosiguieron bajo el imperialismo yanqui. La explotación y la opresión ya no provenían de un solo imperio, sino de un sistema capitalista que combinaba la semifeudalidad con un capitalismo tardío y burocrático. La humillación a la nación se evidenció de forma nítida durante la guerra con Chile, un conflicto alentado por intereses imperiales en disputa. La burguesía y los terratenientes peruanos, sin una pizca de patriotismo, servían a las tropas invasoras en banquetes y pailas, mientras estas violaban a sus “compatriotas” y tomaban Lima. La resistencia fue protagonizada por un puñado de patriotas y por la inmensa masa popular. No así por la burguesía parasitaria, cuyos funcionarios negociaban con el enemigo, robaban los presupuestos destinados a la defensa o entregaban parte del territorio nacional, como ocurrió con Ecuador, Brasil y Colombia. La pérdida reiterada de territorio demuestra que a esta burguesía nunca le importaron la patria ni la nación. El pueblo, en cambio, siempre resistió; él es el verdadero patriota, no las calañas vendepatrias. La esencia de esta burguesía ha sido siempre la misma: una clase que jamás asumió la cultura, las tradiciones, las costumbres ni las identidades de su propio pueblo, esas que han forjado la historia y los símbolos de la nación. No sienten esta patria como suya, salvo para saquearla o venderla. Son simples mercachifles, incapaces de diseñar un proyecto real de desarrollo autónomo, independiente y soberano, como sí lo lograron otros países capitalistas que hoy son potencias o superpotencias. Podríamos preguntarnos: ¿en qué revolución industrial fueron partícipes o mentores? ¡En ninguna! Solo han sido lamebotas, entreguistas, mercachifles bárbaros. Siempre soñaron con emular a sus amos, aspirando a una cultura europea —hoy en decadencia y decrepitud— o a la de su amo yanqui. Por eso desprecian al indio, al pobre, al “marginado”, al habitante de los conos y provincias que trabaja en sus fábricas, comercios, casas, maneja sus autos y cuida a sus hijos. Las sociedades con raíces quechuas, aimaras y de otras minorías nacionales solo existen para ellos en la medida en que puedan ser mercantilizadas: extraerles impuestos, explotarlos en sus industrias, negarles derechos. Para esa clase dominante, son sociedades inexistentes dentro del mundo que sueñan; no los consideran sujetos históricos transformadores ni generadores de riqueza, sino bestias de carga —adiestradas o no—, reemplazables y desechables, disciplinadas por un marco jurídico que legitima la explotación y la opresión. La crueldad y la humillación persisten aún en la sociedad actual, capitalista y dependiente del imperialismo. Si existiera una burguesía “madura”, debería ser la base de un verdadero desarrollo nacional; sin embargo, ocurre lo contrario: hoy está más sometida que nunca a sus antiguos y nuevos amos, profundizando la desintegración interna, la corrupción y la caotización social para seguir saqueando todo lo que puedan, como vulgares asaltantes de esquina. Por tanto, no debe haber contemplación alguna con estos canallas. No debe haber miedo ni consideración. Solo debe expresarse nuestro odio de clase, nuestra rabia contenida, la cual debe explotar, aunque haya costos que pagar. Por esa misma razón, se impone la necesidad de una organización única del pueblo en un frente único, guiado por sus mejores hijos, para cristalizar otro mundo para los explotados y oprimidos, utilizando las herramientas que la historia ha dado a los pueblos del mundo: las experiencias vivas que permitan retomar y culminar los procesos truncos del acero. Estamos en esa disyuntiva: tomar las riendas de nuestro destino o permitir que ellos impongan su sociedad elitista y tecno-feudal. 17 de octubre de 2025

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PRONUNCIAMIENTO DE LA ASOCIACIÓN DE TRABAJADORES EN PERIODISMO Y COMUNICACIÓN SOCIAL DE LA PAZ ANTE LOS RESULTADOS DE LA SEGUNDA VUELTA ELECTORAL EN BOLIVIA – 19 DE OCTUBRE DE 2025

La Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social de La Paz, en ejercicio de su responsabilidad histórica y su compromiso con la verdad, la soberanía nacional y los intereses del pueblo boliviano, se dirige al país para expresar su posición ante el proceso electoral que culminó el domingo 19 de octubre de 2025, cuando, por primera vez en nuestra historia democrática, se realizó una segunda vuelta presidencial. 1. Un proceso electoral inédito y decisivo Tras la primera vuelta del 17 de agosto, el escenario político nacional se definió entre dos proyectos de país con diferencias muy tenues. De un lado, el Partido Demócrata Cristiano (PDC) representado por los candidatos Rodrigo Paz Pereira y Edman Lara, expresión de una corriente democrática liberal; y del otro, el movimiento Alianza Libre (AL)representado por Jorge “Tuto” Quiroga, fascista, ultraderechista, defensor del neoliberalismo, del imperialismo, del sionismo y del sometimiento del país a intereses depredadores extranjeros. Un hecho político relevante fue el respaldo popular al voto nulo, que se consolidó como la tercera fuerza y que simbolizó el apoyo al expresidente Evo Morales Ayma, demostrando que las ideas de justicia social, soberanía y dignidad nacional perviven en el pueblo boliviano. 2. Manipulación mediática y encuestadoras: una farsa desenmascarada Durante los días previos a la segunda vuelta, empresas encuestadoras y medios masivos de manipulación y desinformación difundieron datos falsos que daban por ganador al candidato de la ultraderecha apátrida. Estas operaciones mediáticas fueron parte de una estrategia de manipulación de la opinión pública, encaminada a favorecer a los enemigos históricos del pueblo y la nación: la oligarquía vendepatria, proimperialista y prosionista que siempre buscó convertir a Bolivia en un enclave de saqueo en favor del imperialismo y sus “socios”. Los trabajadores de la comunicación denunciamos y desenmascaramos una vez más el rol servil de estos medios al gran capital extranjero, renunciando a su obligación informativa usando la propaganda como arma de dominación. 3. Un proyecto de clase dominante con dos facciones -De un lado, la burguesía compradora, ligada al capital transnacional y radicada en el Oriente boliviano: Santa Cruz, Beni y Tarija, que apostó por Jorge Quiroga y su agenda entreguista. -Del otro, la burguesía burocrática y los sectores populares, que encontraron en la candidatura de Paz – Lara la posibilidad de retomar una senda de reorganización del movimiento popular. Los resultados reflejan la contradictoria correlación social del país: Santa Cruz, Beni y Tarija se inclinaron por la ultra derecha, mientras que La Paz, Cochabamba, Sucre, Potosí, Oruro y Pando, lograron una victoria al PDC. 4. El peso político del voto popular Debe reconocerse el papel decisivo del respaldo popular vinculado al liderazgo de Evo Morales Ayma, cuya convocatoria sutil a votar a la derecha socialdemócrata del PDC (“el mal menor”) resultó fundamental para evitar el retorno de la retrógrada ultraderecha radical. 5. La victoria del pueblo Los resultados del Sistema de Recuento Preliminar (Sirepre) del Tribunal Supremo Electoral (TSE) confirman una victoria clara del PDC, con el 55% de los votos frente al 45% de la Alianza Libre. Esta diferencia de 10 puntos porcentuales demuestra que la mayoría del pueblo boliviano ha optado por la defensa de las conquistas logradas. 6. Desafíos del nuevo Gobierno Bolivia, en esta última etapa del MAS, enfrenta una crisis económica, social y política. Por ello, el pueblo deposita su confianza en el binomio de Rodrigo Paz y Edman Lara, esperando que impulse políticas nacionales y populares, orientadas a reactivar la economía sin cargar el peso de los ajustes únicamente sobre los trabajadores y las familias humildes. Los sacrificios que exige el momento histórico deben ser asumidos por las empresas transnacionales, monopolios y corporaciones, responsables de la dependencia del capitalismo boliviano. 7. Contra la corrupción y la burocratización El pueblo exige una lucha frontal contra la corrupción, la burocracia y los negociados, que han degradado al Estado y alejado a la política de la ética pública. Bolivia necesita un Estado eficiente y al servicio del pueblo, no de los intereses privados. Asimismo, se requiere una revolución en la educación, la ciencia y la tecnología, pilares fundamentales que generarán el desarrollo de las fuerzas productivas, la industrialización y el fortalecimiento del mercado interno. 8. Defensa de las conquistas sociales Desde la Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social reafirmamos que no deben eliminarse las conquistas sociales logradas en los últimos 20 años, producto de las luchas populares y de los gobiernos del MAS, pese a sus errores y desviaciones. La “nacionalización” de los recursos naturales, la estatización de las empresas públicas, las políticas redistributivas, la inclusión social y la dignificación de los pueblos indígenas son avances históricos que deben ser preservados y profundizados. 9. Compromiso con una comunicación popular, democrática y antiimperialista Como trabajadores de la comunicación, ratificamos nuestro firme compromiso con una comunicación veraz, crítica, emancipadora y al servicio del pueblo. Rechazamos toda forma de censura, concentración mediática y manipulación informativa. Exigimos una democratización real de los medios, con participación social, transparencia y ética. 10. Por una Bolivia soberana y justa Convocamos a todos los sectores patrióticos, progresistas, democráticos y populares a mantener la unidad, la vigilancia y la movilización consciente para garantizar que el nuevo gobierno social demócrata cumpla con su mandato de precautelar la soberanía nacional, reestructurar el Estado liberal garantista, redistribuir la riqueza y defender la dignidad del pueblo boliviano frente a toda injerencia y agresión extranjera. ¡Por una comunicación al servicio de la verdad, la justicia y la soberanía!¡Por una Bolivia libre, digna y antiimperialista! La Paz, 19 de octubre de 2025Asociación de Trabajadores en Periodismo y Comunicación Social de La Paz

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PRONUNCIAMIENTO DE LA RED DE PRENSA POPULAR LATINOAMERICANA ¡ALERTA MÁXIMA! EL GOBIERNO DE PAZ – LARA: CABALLO DE TROYA DEL NEOLIBERALISMO, EL IMPERIALISMO Y EL SIONISMO EN BOLIVIA

La Red de Prensa Popular Latinoamericana, fiel a su compromiso con la verdad, la justicia social, la soberanía nacional y la emancipación de los pueblos, se dirige al pueblo boliviano y a las organizaciones populares para denunciar y alertar sobre la orientación reaccionaria, entreguista y antinacional del nuevo gobierno de Rodrigo Paz y Edman Lara. 1. Un gobierno al servicio del capital y del imperialismo El gobierno de Rodrigo Paz y Lara encarna el restablecimiento del proyecto neoliberal subordinado al capital y al genocida imperialismo estadounidense. Su alineamiento con las políticas del Departamento de Estado de EE.UU., la DEA, el FMI, el BM y figuras reaccionarias de la ultraderecha latinoamericana, como la terrorista María Corina Machado y el estafador prosionista Javier Milei, revela su total dependencia de los intereses extranjeros. Al excluir a Cuba, Nicaragua y Venezuela de su investidura, Paz evidencia su ruptura con la Patria Grande y su renuncia a la soberanía nacional, colocando a Bolivia en el eje de las fuerzas proimperialistas y sionistas que atentan contra la autodeterminación de los pueblos. Este gobierno se perfila, así, como un instrumento del capital transnacional y una traición histórica al ideal de unidad latinoamericana defendido por Bolívar, Martí, Sandino, el Che, Chávez, etc. 2. Restablecimiento de vínculos con el sionismo y traición a la solidaridad internacionalista Denunciamos enérgicamente el anuncio del gobierno Paz–Lara de restablecer relaciones diplomáticas con el régimen sionista de Israel, responsable de crímenes de lesa humanidad contra el pueblo palestino.Este acto constituye una traición a la dignidad nacional y a la memoria antiimperialista de Bolivia, que durante años mantuvo una posición de solidaridad internacional con las causas justas de los pueblos.La medida confirma su alineamiento con los gobiernos más reaccionarios del continente y con los grupos de poder más conservadores del país, evidenciando que este gobierno pronto se subordinará a los intereses geopolíticos del imperialismo norteamericano y del depredador capital global. 3. Continuismo neoliberal y herencia del entreguismo Rodrigo Paz reproducirá la senda política de su padre, Jaime Paz Zamora, quien abandonó toda posición progresista para transformarse en un instrumento del neoliberalismo, la corrupción y el entreguismo.Hoy, su heredero político profundiza ese legado, reeditando las recetas del FMI y el Banco Mundial, que conducirán a nuevos ajustes estructurales, mayor endeudamiento, privatización de recursos estratégicos y precarización laboral. El pueblo boliviano ya conoce las crueles consecuencias de esas políticas: desindustrialización, pobreza, desocupación y entrega de la soberanía económica y política. 4. La injerencia extranjera y el retorno de los tentáculos imperiales Pronto volverán las siniestras agencias de injerencia extranjera, como la USAID y la DEA, que en el pasado conspiraron, manipularon, desestabilizaron y espiaron desde las entrañas del Estado boliviano.Su retorno, disfrazado de “cooperación”, será el preludio del sometimiento absoluto a Washington, la pérdida de soberanía, la militarización del territorio y la reinstalación de una estructura estatal subordinada al feroz capital extranjero y a las transnacionales extractivistas. 5. Ofensiva contra el pueblo y contra las conquistas sociales El nuevo gobierno desde ya anuncia que descargará el peso de la crisis sobre los trabajadores y las familias empobrecidas. Así, se avecina una ofensiva neoliberal que implicará: El pueblo no debe dejarse engañar por discursos de “modernización” o “austeridad”. Tras esas palabras se esconde la agenda de recolonización económica y política dictada por el capital transnacional. 6. La falsa lucha contra la corrupción El discurso anticorrupción de Rodrigo Paz es una demagogia repetida. Recordemos que su gestión como alcalde de Tarija estuvo marcada por nepotismo, favoritismo y negociados (esto explica por qué perdió en la primera y segunda vuelta electoral en su tierra “natal”), prácticas que hoy se camuflan bajo un falso discurso de transparencia. Este gobierno no erradicará la corrupción: la institucionalizará al servicio de la oligarquía empresarial, de las transnacionales que controlan la economía y la política, así como, sus socios políticos neoliberales con quienes gobernarán y viabilizarán sus políticas antipopulares. 7. Llamamiento a la unidad, vigilancia y movilización revolucionaria La historia enseña inobjetablemente que los derechos del pueblo y los intereses de la patria solo se defienden con organización, conciencia y movilización, por lo que convocamos a las organizaciones sociales, sindicales, indígenas, estudiantiles, campesinas, feministas y populares a mantener la unidad y la vigilancia permanente, a no confiar en la demagogia del poder, y a defender cada conquista social y política del pueblo boliviano. La lucha contra el imperialismo, el fascismo y el sionismo no es solo una tarea ideológica, pues, ante todo es una necesidad histórica para garantizar la soberanía, la dignidad y el futuro de la Patria Grande. ¡Contra el capitalismo, imperialismo, el fascismo y el sionismo! ¡Por la autodeterminación y la dignidad del pueblo boliviano! ¡Por la defensa de los derechos del pueblo y sus libertades! ¡Por una Bolivia libre, soberana y con justicia social! Latinoamérica, octubre 22 de 2025 RED DE PRENSA POPULAR LATINOAMERICANA

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